12 transformaciones

  Son tan variadas las formas del hombre en los diversos mundos donde toma encarnación que ni me es posible enumerarlas ni describir cada una de ellas. Mas como esto sería sólo llamar la atención curiosa de la humanidad, y no la atención filosófica, que es lo que me propongo y he prometido (y por esta promesa me han sido dados los conocimientos que expongo, me he de limitar a decir solamente lo más preciso y vulgar.

  Cuando el espíritu ha tomado la primera encarnación es un ser de tan pequeña estatura como nuestras pequeñas monas, pero el volumen de cuerpo y miembros le hacen pesado y tardío en sus movimientos, cuya pesadez no tiene comparación con nada de nuestro globo. Un velo parecido al que tienen las monas entre sus pechos es el que cubre todo el cuerpo y el pelo de la cabeza es parecido a la crin del caballo. Su paso por los mundos queda señalado en su cuerpo mismo, pues en cada encarnación aumenta en perfección y desarrollo su cuerpo, hasta llegar a la forma de hombre verificando después de su salida de la Tierra un trabajo de desmaterialización hasta llegar a la más próxima semejanza de Dios, esto es hasta la mayor espiritualidad.

  En cuanto al modo de vivir material, antes de venir al destierro es placentero en alto grado para los fuertes, pues que no conocen las penas y sí los mayores goces, no conocen la procreación material como nosotros, ni conocen sexo, tienen y usan los dos, no existe lo tuyo y lo mío, como no existen los padecimientos morales ni materiales; pero como fuertes; validos de su orgullo maltratan a los débiles o sumisos, que no quieren ser orgullosos como ellos, deseando cumplir la encomienda.

  A la clase de orgullosos hemos pertenecido todos los que en el destierro nos hallamos en la actualidad, y no podemos atravesar las murallas que nos circundan hasta que nos hagamos humildes y nos amemos mutuamente; mas si persistimos en ser egoístas y orgullosos tendremos que descender al nuevo destierro (centro de la Tierra), en el cual los goces no existen, porque el sexo no se conoce, y los alimentos son tan escasos que constantemente trabajan todos para poder obtenerlos y conservar sus materias.

  Nunca satisfacen sus necesidades, puesto que, para colmo de desdichas, es mezquina la luz material que llega a ellos, es como un vago resplandor procedente del Sol que apenas divisan.

  Nuestra muralla atmosférica nos da calor y frío, la de ellos da frío constantemente, y, en fin, se hallan a tanta distancia de nosotros, respecto de su existencia, como nosotros de los hermanos que han cumplido la Ley Divina y están gozando de las delicias que a todos nos esperan, mas tarde o más temprano, según sea nuestra voluntad.

  ¡Qué distintas son de las que aquí gozamos! ¡Qué bello es poder subir y ver la Luz pura desde fuera de la atmósfera que nos rodea! ¡Cuánta belleza y qué felicidad se siente! ¿Y qué os diré de la que gozan nuestros hermanos que ya se han encarnado en mundos elevados? ¡Oh, si a los desterrados les fuera dado permanecer siquiera unos cortos instantes y contemplar lo que les espera, seguramente harían esfuerzos para llegar cuanto antes! ¡Qué mayor felicidad que ver todos sus caprichos materiales satisfechos! Allí solo se siente un dolor: el de no poder sacar a sus hermanos del destierro porque la Ley de Justicia no le ha llegado aún la hora; allí todo es bello, el vegetal y el animal, al servicio del humano, dispuestos siempre a satisfacerle todos sus deseos, los brutos que en la Tierra son indómitos, le basta al hombre sólo pensar que los necesita tenerlos a su disposición y servicio, todos se comprenden, hay un solo lenguaje, el Universal Fluídico… ¿Qué mayor felicidad podemos desear? Cumplamos, pues, la Ley que el Padre Universal nos dio y que nuestro hermano Jesús nos recomendó, para poder volver pronto a nuestra verdadera patria.