18 Manifestaciones de los espíritus

  Varios espiritistas han dado reglas para conocer a los espíritus por medio de sus manifestaciones, pero esos hermanos han sufrido una equivocación, por cuanto los espíritus no están sujetos a fórmula alguna para manifestarse a los materiales; son libres y como tales obran según lo creen conveniente para conseguir el objeto que se proponen (sobre todo los elevados). Si los espíritus estuvieran sujetos a reglas materiales todos esperaríamos a que las cumplieran para meditar, y ellos desean que seamos ricos en lo espiritual; de aquí que se nos presentan de diferentes maneras y formas, para que nosotros acudamos al Padre por medio de la meditación para no ser engañados. ¿Acaso nuestros niños materiales cuando son engañados o maltratados por hermanos mayores (también materiales) no acuden al padre material en queja del engaño o maltrato que recibieron? ¿Y qué padre no atiende a sus hijos cuando se quejan en justicia? Pues si estos niños son atendidos por sus padres materiales, ¿cómo hemos de ser desatendidos los que acudimos al Padre espiritual para conocer a nuestros hermanos espíritus y no ser engañados por ellos? El Padre, que es todo Amor, Caridad, Bondad y Misericordia, nos atiende siempre con su Ley de Justicia. ¿Acaso el material, cuando los pequeñuelos acuden en queja del castigo que recibieron de sus mayores, deja de aprobarlo si comprende que se lo merecieron? ¡Cuántas veces aprueba el castigo despreciando la queja y El mismo impone otro! Pues téngase presente que tienen relación íntima ciertas cosas materiales y las que tratamos. Así, pues, nos limitaremos a decir algunos casos de los que hemos observado, tanto en nuestros estudios como en nuestras sesiones de instrucción y en algunas otras que hemos visto. Pero nos guardaremos bien de dar reglas ni proponer fórmulas, pues ya hemos dicho que gozan de libertad; son espíritus y las fórmulas y reglas son materia.

  Observación primera. El lector habrá visto que mis primeros conocimientos en el espiritismo principiaron en marzo de 1880 y que a los materiales no les debo más que las dos primeras preparaciones, pues la tercera ya la recibí del Instructor espiritual.

   La primera comunicación que recibí fue por escrito, en la cual se me trató con las palabras más indecentes e indecorosas que caben en el vocabulario español. Me hallaba materialmente solo, y cuando es espíritu me dejó tomé el partido de consultarlo con mi guía material, y lo verifiqué al día siguiente. Cuando aquel vio el escrito me habló de esta manera: “Es un espíritu ligero y si pronto no le apartas de ti, andarás mal”. “¿No hay algún medio para ello?”, le pregunté, y “no hay otro que dejar de escribir, o pedir a Dios que lo separe”, me contestó. Me retiré a mi casa y cuando quedé solo (trabajaba a solas, por temor al escándalo, pues mi esposa era católica), invoqué y obtuve esta comunicación: “Has vencido la primera prueba; sigue con valor, que pronto sabrás conocer a los espíritus, y obrarás caridad, al que te dio la comunicación que guardas” Tres días más tarde obtuve comunicación, sirviendo de instrumento parlante mi guía material; las primeras palabras fueron instrucciones para todos, y se me preparó para la videncia; siguiendo luego las instrucciones, para que pudiera conocer a los espíritus, de este modo: “Cuando sientas fluido pide al espíritu el lema espiritual; si es elevado, te escribirá lo siguiente:__ Dios es Amor, Paz, Caridad, Bondad, Misericordia y Justicia__. Entonces debes y puedes seguir la comunicación, preguntando siempre por lo elevado, y pronto podrás ser sabio en verdad; mas si preguntas por lo material, te engañarán muchas veces, y si no preguntas se te dirá por añadidura: deja las lecturas y reuniones hasta que hayas estudiado por ti mismo, pues te daremos educación especial, cual no la tuvo ningún espiritista; cuando hayas estudiado por ti mismo comprenderás los errores que otros cometieron, porque no les fue dado comprenderlos. En la primera comunicación llevaste la primera prueba, la resististe con valor y pronto tendrás preso al que te la dio; os conocisteis en materia, te perseguía y permití que viniera a ti para que aprendas a obrar caridad con los necesitados; volverá pronto, porque son grandes sus deseos de venganza, pero no temas, porque como ignorante ningún poder tiene para los materiales, mientras vosotros no queráis dejar a vuestros guías protectores. Atiende bien, no te quede duda en cuanto te digo; cuando se te presente un hermano y no te dé el lema que te he enseñado ponlo preso en nombre de Dios, invoca siempre y no lo sueltes hasta que haya escrito el lema que tú le enseñarás y escriba el nombre que llevó en materia; entonces me llamas, yo acudiré y me lo llevaré al mundo de los espíritus para que estudie”.

   Gran contento fue para mí tal comunicación, y seguí estudiando con fe: ocho días más tarde volví a tener comunicación parlante por el mismo instrumento, pero cuando la familia del instrumento y la mía se hallaban reunidas, esperando la palabra del espíritu, los mandó retirar a todos, diciendo: “Solo el hermano Pedro debe quedar, para él vengo; luego estaréis todos”: entonces supe la misión que debía cumplir aquel instrumento, y me encargó que procurara que no dejara de cumplir tratándolo como uno de mis hijos.

   Acepté el cargo y di el primer paso, según me había encargado, pues se proponía dejar la doctrina; quince días más tarde supimos las dos familias (sirviendo él mismo de instrumento) que de cuanto me prometió nada había cumplido, puesto que había dejado las doctrinas, y por consiguiente, las misiones que él debía cumplir quedaban a mi cargo.

  Contesté que me era imposible, por cuanto mis conocimientos, tanto materiales como espirituales, no podían cumplir tal encargo. (Este era estos mensajes.)

__¿Es tu voluntad?, me preguntó.__ Sí, contesté, mas no mis fuerzas, por falta de conocimientos materiales y espirituales, si no me ayudáis los invisibles. __Los invisibles solo necesitamos un instrumento que tenga valor para resistir los combates materiales con resignación y nos comprenda: esto lo hallamos en ti; si tu voluntad es aceptarlo, los trabajos son de cuenta nuestra. Además, yo tengo un libro en la mano, lo abro, y en la primera página leo el nombre del instrumento que ocupo, lo cierro y lo vuelvo a abrir, y encuentro borrado el nombre, doy vuelta a la hoja, y hallo el tuyo; ¿quién será el destinado?

  Entonces acepté y juré cumplir como fiel instrumento, por lo cual me propuse estudiar cuanto me fuere posible al par que cumplir del mismo modo el lema de la encomienda. Pruebas me han dado de amor, para que tenga valor en todos los acontecimientos que puedan sobrevenir, pero también me han probado, y siguen probándome para que en todo tiempo esté alerta y que mis enemigos (el orgullo y egoísmo, puesto que no hay otros) no me venzan.

  Constantemente seguí estudiando lo elevado, y cuando ha convenido lo material me han demostrado el camino que debía seguir; cuando lo creyeron conveniente no faltó ocasión para que comprobara mis estudios con los de otros espiritistas en casa de mi pobre guía material (a quien me fue forzoso dejar). Creídos algunos hermanos materiales de darme gran lección, a su manera, me invitaron a presenciar una curación, cuando nos hallábamos reunidas seis personas; llegó el curandero y pronto empezó a hacer pases a la enferma sobre la cabeza para magnetizarla; pronto empezó ésta a reírse y a despreciar al magnetizador diciendo que acabaría con la materia, que saldría por el costado para destrozarla, le rogaban que no hiciera tal, y contestaba que si no le saltaría los ojos, la frente, etc., y, por fin, cedió a salir por los pies, quedando la enferma de la misma manera que antes de ser magnetizada.

  Por mi parte probé al espíritu y comprendí que era de gran elevación; me hallaba en el puesto más retirado de la habitación, y cuando observé que tanto se apuraban todos por temor de que el espíritu maltratara la materia, me levanté de mi asiento con objeto de aconsejarlos que dejasen en paz a la enferma, y oí esta palabra: “Calla”; conocí que quien me había hablado era mi guía y obedecí. Más tarde se me aconsejó que por espacio de algún tiempo nada dijera de cuanto había comprendido, hasta que ellos obrasen, pues convenía quitarles los pocos conocimientos espirituales que tenían, puesto que sólo los usaban por egoísmo unos, por orgullo y vanidad otros, y la enfermedad era herpética material interna, pero leve, dada por él mismo para que la enferme se acostumbrara a meditar, y esperaba conseguirlo por este medio, y que su deber como el mío era socorrer a los espíritus, que son nuestros verdaderos hermanos, no a las materias, que son las que los impiden que puedan salir del destierro.

  Observación segunda. El prófugo. Cuando mis instructores comprendieron que yo debía tomar alguna instrucción por mí solo, me permitieron leer algunas obras. Hallándome un día con una obra espiritista en las manos observé que la primera bienaventuranza había sido torcidamente comprendida por muchos; invoqué al hermano cuyo título lleva el escrito, después de preguntar a mi instructor, y no se hizo esperar: le pregunté si consentía que deshiciera aquel y otros errores que hallaba en sus obras y me contestó: __ Consiento pero no te lo permito. __¿Cómo debo comprender tu contestación?, le pregunté. __ Hermano Pedro, me contestó, tú quieres que todos comprendan el espiritismo como tú, y eso no lo conseguirás; sigue la hipocresía y harás muchos espiritistas, como yo hice, pero siguiendo la marcha que te has propuesto harás muy pocos__. Cuanto me aconsejas, espíritu, está fuera del amor y caridad que debemos a nuestros hermanos; por tanto no puedo aceptarlo__. Lo probé y comprendí que tenía luz, por lo cual lo dejé en libertad. Pronto se presentó mi instructor reprendiéndome porque no lo puse preso; contesté que había comprendido que tenía luz y lo había respetado, mas él me contestó: __Sí, tiene luz, pero es prófugo. Pregunté si lo llamara otra vez y me contestó: __Déjalo hasta que él vuelva __En efecto, algún tiempo después se presentó acompañado de mi instructor, y me pidió que me encargara de deshacer los errores que él había dejado escritos, pues yo había comprendido en poco tiempo lo que él no había comprendido en mucho; que recopiló de buena fe cuanto le había sido dado recoger, y que le permitiera quedar en libertad para deshacer cuantos errores pudiera antes de volver a reencarnar, que sería visible para muchos cuando fuere necesario, y que después de haber cumplido de este modo me pediría ayuda para marchar al mundo de los espíritus. Varias veces se ha presentado ya y ha sido rechazado por los que dicen adorarle, ¡y se titulan sus discípulos!, mas espero que llegarán a comprenderlo aunque tarde para muchos.

  Observación tercera. Espíritus de padecimiento. A primeros de diciembre de 1882 estaba en casa de un hermano hablando sobre la doctrina, y cuando discutíamos amigablemente se presentaron dos instrumentos acompañados de otros hermanos que habían sido (según luego comprendí) avisados para la reunión que había de tener lugar. Un instrumento se concentró y habló de los cometas diciendo que son una chispa de Luz del Padre Creador. Fue esto muy agradable para mí, pues pocos días antes había recibido una lección de astronomía espiritual; pero hallándome entre hermanos materiales que se complacían en decir que me hallaba obsesionado tomé el partido de callar en vez de discutir, pero pronto conocí mi falta, pues habiéndose concentrado otra vez en el mismo instrumento, el mismo espíritu me trató de animal, burro, etcétera, y cogiendo objetos que a mano del instrumento se hallaban, empezó a arrojarlos sobre mi materia desesperadamente. Como se quejaban de padecer frío, los allí reunidos creyeron que era espíritu ignorante y procuraron hacerle caridad de la manera que sabían; pero el espíritu supo engañarlos tan bien que pronto, llorando el instrumento, dijo que buscaba a su familia, y por fin, golpeando el instrumento con su propia cabeza donde podía, se fue el espíritu dejando maltratada y dolorida la materia del instrumento.

  En seguida habló otro instrumento sobre cosas frívolas, pero agradables para los allí reunidos por no estar acostumbrados a comunicaciones elevadas, y habiendo dicho si queríamos interrogarle le pregunté por qué el hermano anterior había proferido aquellas palabras que yo admitía como prueba, mas no como instrucción; a lo que contestó: __¿Qué duda puedes tener, que sea para probarte? ¿Crees que estos hermanos no sufren pruebas también? ¿Cómo te acostumbrarías a la discusión si los espíritus no discutiéramos contigo? ¿No sabes que tienes que discutir mucho y los materiales no quieren discutir contigo? Prepárate, pues, que ya es tiempo de que empieces. Sin embargo, cuando concluyó la reunión observé que los hermanos materiales allí reunidos ningún fruto habían recogido de todo cuanto los espíritus habían hablado, pues todo lo habían comprendido puramente material y a su manera.

  Al siguiente día escribí al presidente material suplicándole que, en caso de continuar las sesiones y permitírseme asistir a alguna, abriría discusión con los espíritus que se presentaran, y comprendería que todo cuanto había pasado la noche anterior había sido causa el no haber yo discutido o al menos tomado la palabra cuando el espíritu me buscó sobre los cometas. Concedida me fue la petición para el 26 del mismo diciembre a las tres de la tarde.

  Sesión del día 26 de diciembre de 1882. Los concurrentes a ella, de 16 a 20 personas. Pronto un instrumento se halló ocupado y dio muchas noticias astronómicas. Cuando hubo terminado su peroración le rogué que nos hablara algo espiritual, pues que todo cuanto nos había dicho era puramente material, que dejara tales instrucciones para los materiales, pues nosotros no nos habíamos reunido allí para tal cosa, sino para recibir instrucciones espirituales. Me contestó que por aquel día bastaba aquello, que otro día nos daría lo que le pedía, y se retiró.

  Pronto el mismo instrumento habló de esta manera: Espíritu. Estoy aquí presidente.__ Presidente. ¿Qué quieres? __ E. Contigo, nada. P. ¿Con quién quieres? __ E. Con ese zopenco que está a tu lado. __ P. A ese hermano déjalo en paz, ya que nada te dice. __ E. (Dándole la espalda del instrumento al presidente.) Nada quiero contigo, soy muy feliz, pero estos hábitos no son míos…¿dónde estoy? ¡ah! Ya: estoy… estoy entre sabios burros que buscan a Dios en las ciencias, y Dios no existe. __ P. (y otro hermano llamado M a un mismo tiempo): Espíritu, todos cuantos aquí nos hallamos reunidos protestamos de tus palabras. __ E. Sí; tú estudias para hallar a Dios en ellas, pero estudias para burro, porque no hay más Dios que el dinero, las mujeres y el buen vino. (Todo esto dijo acompañando gestos, que entre materiales llamamos indecorosos, por lo cual el presidente le amonestó porque en la reunión había señoras, a lo que contestó: __ E. Sí, señoras que en otro tiempo fueron caballeros, y sobre todo que no he venido aquí por ti. __ P. ¿Por quién has venido? __ E. Por ese zopenco que tan callado está a tu lado. __ P. Hermano Pedro, por usted ha venido, háblele usted. __ Pedro. ¿Es conmigo con quien quieres hablar, espíritu? __ E. Sí, hombre, sí, contigo, que estás tan callado como un zopenco, pero… también, ¿qué harás, si estás hecho espíritu en materia? Sólo te faltan unos cilicios y un Santo Cristo para ser beato completo… cuéntame algo de esos espacios que tanto has recorrido, pero… soy tan feo que tendrás a menos el hablar conmigo. __ Pedro. No, no eres feo ni lo fuiste en materia, puesto que entonces eras lo que se llama un buen mozo, y hoy en espíritu eres más hermoso todavía. __ E. ¡Qué! ¿Me conoces? __ Pedro. Sí. __ E. Es claro, me conociste en el pozo: como que tú eras cangrejo. __ Pedro. Algunos baldes de agua tenemos sacados juntos, y pescábamos cangrejos también: me comería alguno ahora si lo tuviera. __ E. Pues yo si pudiera me comería… a ti. Pedro. Favor me harías, porque comerías mi materia y yo quedaría libre. __ E. ¡Qué ganas tienes de quedar libre!, porque no sabes que la gloria sólo consiste en el vino, el dinero y las mujeres; ¿quieres dinero y tendrás lo demás? __ Pedro. No. __ E. soy tan feo que ni dinero quieres de mí, pero mira, cuando vuelva a reencarnar seré mujer a ver si te enamoras de mí, pero… entonces tú serás burro, porque al reencarnar de nuevo yo seré mujer y tú burro. __ Pedro. No será así porque enamorado de ti ya lo estoy, y en cuanto a reencarnar, ya soy bastante burro de carga y no espero volver a serlo. E. ¿Sabes que no volverás a reencarnar más en la Tierra? __ Pedro. Pondré los medios para no volver, y además tú y otros hermanos me ayudaréis para que no vuelva. __ E. Tienes razón; más, mucho más que yo subirás; pero ¿qué hacer?, todos llegaremos más tarde o más temprano, pero… tú estás enamorado de mí, ¿me conoces? __ Pedro. Sí. __ E. ¿Cómo me llamo? __ Pedro. Cuando estabas en materia empezaba tu nombre con una S. __ E. ¿Y qué letras más le seguían, picarón? __ Pedro. Las demás me las callo. __ E. Creí que las ibas a decir __ Pedro. ¿Quieres hacerme un favor? __ E. Di, ¿qué quieres? __ Pedro. Quiero decirte que basta ya de comedia, y te pido por favor nos hables algo elevado de lo mucho que sabes, y que algo me has enseñado a mí. ¿Lo harás? __ E. Si el Padre me lo permite. __ Pedro. Sí, el Padre te permite todo lo que tú quieres decir para ilustrar a estos hermanos, que te han tomado por muy ignorante. __ E. Puesto que el Padre lo permite, ¿quieres que te eche un sermón? __ Pedro. Sea como gustes, siempre que sea filosófico y elevado, pero no sermón como los que oíamos en la iglesia. __ E. Pues bien, voy a hablaros de filosofía.

  Cuando el espíritu se disponía a hablar, trató el presidente de sacarlo del instrumento, para lo cual probó de cogerle los pulgares de la mano de éste, pero en el mismo instante otro instrumento que se hallaba concentrado dijo estas palabras, acompañadas de una fuerte carcajada: “Orgulloso, ¿has creído en tu orgullo, que tienes bastante para sacarlo? Se irá cuando él quiera o se lo mande el Padre, que es el único que le puede echar” El presidente se quedó pálido sin saber lo que le pasaba, y el nuevo instrumento dijo: “Vaya, espíritu, formalidad y a cumplir lo que has prometido, y si no, lo cumplo yo,” Y dirigiéndose a Pedro dijo: “Hermano, ¿qué deseas de ese espíritu? __ Pedro. Deseo que diga algo elevado, para que los aquí reunidos comprendan que el fanatismo los tiene estacionados, y comprendan también que no hay espíritus obsesores más que para los que quieran ser obsesados; me tomasteis por instrumento para que lo explicara y me comprendieran, pues como ellos estoy en materia y como no quieren entenderme pido vuestro auxilio, para que unidos podamos practicar caridad al género humano. __ E. tienes razón y el hermano hablará.

  En efecto, el espíritu que tantos disparates nos había dicho empezó de esta manera: “Los espíritus cuando dejan la materia están más o menos tiempo en turbación; digo tiempo, para que lo comprendáis mejor, no porque el tiempo se conozca entre los espíritus. Ellos se van elevando más o menos, según el peso que tienen, o sea la parte material que les acompaña” Al llegar aquí dijo el instrumento, dirigiéndose al presidente: “Tómalo por tanto, orgulloso.” El presidente pregunta: “¿Por qué siendo espíritus elevados se presentan de aquella manera?” E. Para fastidiarte y matar tu orgullo; para que hubiera discusión, puesto que tú no la quieres; ¿cómo comprenderéis la Luz? ¿Por qué no discutís? ¿Qué adelantan los espíritus con venir a ilustraros si no los comprendéis porque vuestro orgullo no os deja?

  Y, en fin, querido lector, con la comedia y borrasca que te explico, se fueron los invisibles dejando malheridos a algunos de los materiales en su parte orgullosa.

  Visité a aquellos materiales ocho días después; prometieron avisarme para que tuviéramos sesiones de instrucción. El aviso no ha venido ni lo espero: aquellos hermanos dicen que estoy obsesado; y como mi deber es enseñar al que voluntariamente quiera aprender, me abstengo de visitarlos, por no privarles del libre albedrío. No digo los nombres ni el sitio donde sucedió esto, porque debo decir la verdad sin faltar a la caridad; mas no sería extraño que si algunos leen esto y su razón se lo permite certifiquen con su firma la verdad del hecho. Te he señalado el día de tan feliz descubrimiento, y sólo añadiré que todos mis estudios y experiencias son hechos en Barcelona, para que comprendas que donde florecen las grandes obras materiales tampoco escasean las espirituales.