06 Tendencias congénitas en el humano

   Amor,Paz y Caridad. __ Orgullo, Egoísmo y Vanidad

    El Amor, Paz y Caridad

  Estas palabras encomendadas por el Padre, Creador Espiritual, y recomendadas por nuestro hermano Jesús de Cafarnaúm (llamado el Cristo por unos y el Nazareno por otros), han sido comprendidas y explicadas por algunos materialmente (porque no conocían el lenguaje espiritual ni menos sabían que pudiera haber espíritus necesitados), no hay duda que el que como material lo ha cumplido, grandes méritos ha adquirido, mas los que reciben comunicaciones de los espíritus saben que para ellos no existe la caridad material, puesto que antes de venir al destierro los espíritus, ya había puesto el Padre en él todo lo que pudieran necesitar, pero todo para todos, y si alguno reserva lo que a su hermano le hace falta, después de haber cubierto sus necesidades, no cumple en verdad; por tanto, la caridad verdadera es enseñar para que los ignorantes puedan ver y comprender la Luz Divina, tanto libres como encarnados sin distinción de clases, sexo ni edades, puesto que todos son hermanos, y si en algún caso puede haber predilección, sea en lo material, mas no en lo espiritual, porque entre los últimos no existe el parentesco.

  Así, pues, compréndase que las tres palabras son inseparables unas de otras, puesto que faltando a una se falta a las tres, y para no equivocarse basta no querer para el hermano lo que no se quisiera para sí, como hacer al hermano cuanto se quisiera para sí propio. Mas en la caridad material debe tenerse gran cuidado, pues debemos obrarla sin aumentar el egoísmo de quien la recibe, porque todos debemos ganar el pan con nuestro propio trabajo; pero tampoco debemos humillar a quien recibe la caridad.   (Pedro continuador de la obra de Jesús)


  Egoísmo, Orgullo y Vanidad

   He aquí algunos enemigos del espíritu, por los cuales el destierro es necesario. ¿Qué sería de nosotros si la Ley de Justicia no nos retuviera aquí hasta dejarlos por completo? ¿Qué de la humanidad en los demás mundos? ¿Dónde se hallaría la paz y goces que allí se disfrutan despojados de tales enemigos? Meditemos por un momento qué seríamos en este destierro si las leyes humanas no hubieran puesto una ley penal para los criminales, la cual los separa de los pacíficos y honrados, y podremos comprender la pregunta anterior.

   Desgraciadamente la humanidad pacífica se ve en el día precisada a aparentar ser orgullosa ante los orgullosos, porque está convencida que, si del todo los dejara sería imposible la vida material; ¡y cuántas veces por la misma causa faltamos a ciertos deberes y qué grande sentimiento nos causa, puesto que reconocemos que son nuestros hermanos! ¿Mas qué hacer con ellos, cuando vemos que solo desean nuestra docilidad para ser más orgullosos y egoístas? ¿Debemos dejarlos y hacernos esclavos de su orgullo y egoísmo? No, debemos hacerles comprender que como ellos somos humanos y tenemos los mismos derechos, pero siempre usando la benignidad en el hecho, aunque no sea en el dicho: orgullo, egoísmo y vanidad: ¡he aquí las causas de que la humanidad no comprenda el lenguaje universal y la Ley Divina!

  Dios, al crearnos, nos da un mandato, que el orgullo y egoísmo no nos dejan recordar; vienen nuestros hermanos elegidos, nos lo recuerdan y en lugar de practicarlo como buenos, orgullosos y egoístas se les sacrifica y sus palabras se velan para que los venideros no puedan ni siquiera conocerlas. ¿Se han creído los hombres orgullosos y egoístas que no han de pasar por lo que hacen pasar a sus semejantes? ¿Dónde estaría el Padre de Amor y Justicia si como ellos se creen no hubiera otra cosa que lo que llaman sociedad de la Tierra? No, lo que el hombre con su orgullo hace pasar a sus semejantes no puede quedar impune, es precisa la pena del Talión.   (Pedro continuador de la obra de Jesús)