22 Una idea legislativa sobre el suelo

    Una idea legislativa sobre el suelo, como patrimonio social de los pueblos

  Si efectuamos un estudio psico-sociopolítico sobre todo lo que se deriva sobre el derecho de propiedad del suelo, en los pueblos, tenemos en primera instancia reivindicativa, arrogada como derecho, que no deber, de autodeterminación, fundamentado básicamente y ancestralmente en el derecho de propiedad del suelo, pues ésta es la primera raíz en este sentido. Pues bien, si seguimos el hilo de tal cuestión, sin apartarnos de una idea sociopolítica humanista, deberíamos de enlazar la cadena sobre tal idea base, derivándola en que justamente, toda riqueza en cuanto al disfrute y usufructo del suelo, aunque se efectúe individualmente, no deja al mismo tiempo de ser un bien social, con sus derivadas y justas consecuencias, puesto que, no es lo mismo el usufructo sobre el suelo que sobre lo que pueda existir en el subsuelo, ya que esto no se usufructúa con los mismos parámetros legales:
  
  Siendo el suelo un patrimonio estrictamente legítimo de toda la sociedad, incluida en toda su demarcación territorial, su legislación con sus consecuencias y usufructos, tiene que efectuarse desde el ámbito de su representación social-territorial, y no desde el libre arbitrio del usufructuario: Quiere esto decir, que el suelo tiene que ser un inamovible patrimonio social y no particular.

  Pero veamos primeramente cual es la consecuencia psicológica que ha llevado al ser humano a poner su mira en la canalización de su excedente de riqueza, y es precisamente en el derecho de propiedad del suelo, no solamente como medio de rentabilidad, sino como seguridad psicológica ante los cambios en la economía mundisocial, y ahora más que nunca, dados los tiempos de cambio y transformación. Por lo que se hace urgente una nueva legislación territorial, en bien del usufructo común de la sociedad:

  Veamos: Como quiera que la tendencia en cuanto a inversión sobre el suelo, no va a cambiar, pues tiende a incrementarse; el objetivo no es efectuar un cambio drástico en este sentido, puesto que el que tiene que legislar, como ciudadano también se encuentra implicado, será por eso que cuesta tanto el ir a las causas en vez de paliar los efectos; por eso es conveniente el abrir nuevas vías en cuanto a inversión, en las que impliquen al mismo tiempo a toda la sociedad, de forma clara y explícita, como directamente beneficiaria. Y por supuesto que, el que tiene un patrimonio como derecho de propiedad del suelo, argumentará en todos los sentidos, diciendo que ya la sociedad se beneficia de sus impuestos, pero este no es el caso, porque tales impuestos quedan diluidos en mil y una derivaciones.

  La sociedad, legítimamente debe de ser la usufructuaria en primera y última instancia, de una parte de los beneficios de tal vía inversora y de todo lo que de ella derive, sabiendo de forma clara y explícita, de lo que se está en este sentido beneficiando, y sentirse al mismo tiempo partícipe de tal patrimonio social, sin discriminaciones tanto étnicas o de otra índole, puesto que las leyes establecidas abarcan a todos por igual.

  En base a todo ello, concretemos de que forma y manera en un régimen sociopolítico ideal, convendría actuar: Si la sociedad en general es la propietaria del suelo, y alguien tiene necesidad, sin juzgarle por ello, de efectuar su inversión como usufructuario, de una parte del suelo en un período de tiempo, como puede ser su propia existencia, la sociedad como propietaria  le pueda conceder tal  posibilidad en el tiempo de tal usufructo, permitiéndole ejercer tal derecho como ciudadano, cosa esta que redundaría en la compra si cabe en un precio más asequible, puesto que es un usufructuario solamente, por un período de tiempo mientras dure como usufructuario, ya que es el patrimonio social el que controla y legisla su propio patrimonio. Y en el supuesto  de una continuidad en tal usufructo, debería de efectuar ante el representante del propietario social, su renovación correspondiente. Siendo pues, esta manera de hacer política legislativa, la que da y revierte a la sociedad de forma justa y equitativa, lo que es suyo, como derecho legítimo.
  Como resultante final democráticamente establecido, todo ciudadano cuya idea social sea solidaria con el conjunto, tiene un importante margen como intención de voto, para el legislador que mejor actúe en este sentido.    Mayo 2007

Iostako Maraltrix