53 HUMÍLLATE SIEMPRE

  No puedo, me dirá tu materia. Sí puedes, no solamente has de poder, sino que tienes obligación de hacerlo, pues es deber de cada ser reconocerse a si mismo: ¿Qué quiere decir reconocerse? Pues sencillamente, reconocer de que delante del Padre no somos dignos de SU Misericordia Infinita, y ya con este solo acto de humillación nos reconoceremos: Reconoceremos los infinitos beneficios de que nos ha dotado ya que nos ha hecho dignos, al cumplir SU Ley, de un reino. Reconocemos que por ser Justicia, la maldad no tiene sitio al lado de la virtud. Reconocemos que, si grandísimo es SU Amor, es la Esencia del Amor que nos manda tener para todos, y reconocemos que por su gran Caridad y Misericordia, no quiere castigo eterno, sino por medio de purificaciones nos espera siempre. Todo esto considerado, nos lleva a reconocernos indignos de la grandeza de SUS ATRIBUTOS, y entonces viene el Amor inmenso hacia Dios y sus criaturas, y por añadidura a todo cuanto EL ha creado. Procura reconocer esto y te reconocerás a ti mismo con humildad, pues si eres soberbio, difícilmente te reconocerás a ti mismo, ya que la vanidad nos aleja de ello.

  Hay muchas maneras de humillarse. El Maestro te lo enseñó con su conducta terrenal y el Padre lo desea para que podáis llamaros perfectos. Cuanto más sepas alcanzar el desprendimiento de las cosas efímeras del mundo, más fácilmente encontrarás el ramillete. Más claro aún: cuando el espíritu ha sabido triunfar de la materia, ya no necesita violentarse para ser humilde, sino que todos sus actos ya están saturados de tan excelsa virtud. Ten presente siempre que el que se humilla Dios lo ensalza: Delante de tus superiores por respeto, aunque vayan equivocados, porque si callas, luego reflexionarán y verán su equivocación y entonces crecerás ante ellos en estimación. Si es un amigo y callas cuando acalorado pronuncia palabras ofensivas, luego, en otra ocasión, serenados los ánimos, será fácil hacerle comprender su equivocación; y si es un desconocido o persona de poco trato, callar es, en muchísimas ocasiones, quitarle las armas para herirte de nuevo. Si alguien sea quien sea, fuera de tu presencia te rebaja, haces presente a quien te lleve la noticia que tú perdonas siempre y que cuando aquel ser reflexione, verá que estaba equivocado. No seas portador de los defectos de los demás, y si en alguna ocasión para evitar males mayores, tienes que sucumbir a poner presente alguna miseria humana, hazlo siempre con espíritu caritativo. Tener presente siempre que son humanos y de que los seres perfectos no abundan, y hoy si cae un hermano, mañana puedes caer tú.

  Sí, sed humildes. Tú, hombre terrenal, tal vez estas enseñanzas, al repasarlas te sonreirás con desdén, con pedantería de hombre mundano. Sensiblerías, dirás, cosas que si existen no tengo tiempo de pensar en ellas. Esto es para gente de poca cultura. Necio, te digo yo: si fueras manso y humilde de corazón, por rico y sabio que fueras, me entenderías, porque yo no vengo a hablar a las materias, mis enseñanzas se dirigen a los espíritus, que al fin son ellos los que tienen que progresar. Si fueras humilde, te gustarían y entenderías mis palabras, pues la humildad se entiende con la humildad, y un soberbio poco puede entender el lenguaje de los humildes, por eso yo os digo: haceos mansos y humildes de corazón para poder entenderme, y al entender mis enseñanzas, ellas os acercarán a Dios; pues son la Esencia de EL.

  Procura hacerte humilde, hombre terrenal, y cuando hayas alcanzado esta virtud me comprenderás. Recapacita, medita y trabaja para hacerte humilde, para poder comprender el lenguaje de la espiritualidad que es el lenguaje de los humildes. Así te lo suplica la blanca paloma de la paz.