18 Mensaje 6

   Atentos siempre en el progreso actúan los hermanos que representan vuestros hermanos Mayores, que os dirigen con acierto y Amor, y a pesar de esto se ven obligados en ocasiones a contrariar e inducir a su protegido al fracaso, para que medite y frene sus deseos de transitar por un camino que le está vedado, mientras otros lo recorren sin dificultad. ¿Por qué tal diferencia?, os preguntaréis. Porque no todos vienen con la misma causa; por ello no tuvieron la necesidad de que su existencia fuese tan recargada de contrariedades. Estos hermanos conservan el libre albedrío y actúan según su deseo, mientras otros lo cedieron  haciendo un pacto con su guía, cuyo libre albedrío lleva el espíritu desde su creación, y haga buen uso de esa libertad. La causa de que se encuentre el ser humano en el destierro es por no haber cumplido con obediencia el Mandato Divino, que todo ser humano ha de cumplir antes o después.

  Por eso no hay nada casual para el espíritu: su paso por la Tierra está marcado: sólo cambia si, en lugar de ser valiente para obedecer el dictado de su conciencia, se acobarda y se deja llevar por la corriente de la vida materialista que tan contradictoria es para su progreso. También los hay que se sublevan ante las contrariedades; estas rebeldías son peligrosas, por querer incluso atentar contra su propia materia, o sea el suicidio, realizándolo unas veces y otras sin llegar a consumarlo, pues «sus guías» se lo impiden, para que por medio del sufrimiento se vayan purificando. «Ellos» saben muy bien dirigirlos entre la gran diversidad de situaciones que existen y según la facultad que tienen sobre su protegido.
  Mucho hay que decir sobre este tema, tan diverso y extenso; sin embargo, no me extiendo más porque sería para algunos incomprensible, o tal vez mera curiosidad, y no es lo que pretendo con estas enseñanzas, sino que tengáis siempre presente que el estar desterrados es por tener causa. Procurad no contraer más para no tener que volver en otra nueva etapa al mismo punto en que os halláis.

  Mientras los hombres vayan separados unos de otros, mientras no haya en ellos el deseo de practicar el Amor, por sentirlo en sí mismos, seguirán tomando cuerpo en la Tierra, o acaso en otro punto donde la purificación es constante, en el cual no pueden hacer uso del libre albedrío que antes disfrutaron. Nada tienen apuntado estos espíritus en la hoja del haber, en el Libro de la Vida, excepto deudas que hay que pagar. Por ello no será bastante hacerlo en la superficie de la Tierra, sino que habrán de descender a las entrañas de ella: otro destierro peor, de donde no salen los seres que allí entran, hasta no haberse despojado de lo que motivó bajar a él. Allí dejan pasiones y odios y el desenfreno con el cual atropellaban a sus hermanos más débiles que ellos. A estos seres se les denomina triple rebeldes, por haber reincidido en las mismas faltas, en otras reencarnaciones, o sea, por tres veces (encarnaciones) consecutivas, desde que se cerró la muralla atmosférica para los nuevos espíritus que tienen que venir a encarnar.

  No deis motivos para llegar a ser conducidos por la fuerza al punto que os menciono (centro de la Tierra), cuando dejéis la materia, donde los espíritus que allí toman materia corpórea van dejando sin remisión las imperfecciones que acumularon, quedando así el espíritu purificado cuando termina el tiempo de permanecer en él. Son estos espíritus como pieles que estuvieron en adobo, que no salen de allí hasta estar bien curtidas. Este mundo de expiación a que me refiero es lo que alguna religión ha dado en llamar infierno, con la sola diferencia que la estancia de los espíritus en él no es eterna ni padecen los efectos del calor, sino que son de constante frío y sufrimiento.

  Dejando y tomando encarnaciones se va purificando el espíritu, y lo hace con más éxito cuando cede su libre albedrío al «guía protector», que es el encargado de dirigirlo por el buen camino a seguir. Si no es obediente a «el», al ser avisado, se ve obligado el protector a aplicarle el correctivo merecido, según la facultad que tiene concedida para ello, aplicándole un correctivo de enfermedad o pérdidas materiales, o vedándole lo que más quiere para que no sucumba entre pasiones siempre insatisfechas.

  Por lo tanto, cuando no va ajustado el protegido, el protector se lo recuerda por medio de las contrariedades o el dolor más o menos agudo, advirtiéndole que hay algo más que el presente para que con humildad eleve su pensamiento al Padre y modere sus actos, y en lugar de orgullo haya mansedumbre en él, y piense un poco en los que carecen de lo que a él le sobra. Ciertamente, lo que hoy cree tener en exclusiva puede perderlo en un momento de la vida, y así por el fracaso y la contrariedad rebajar el orgullo que le hace creerse superior a sus hermanos.