Revelaciones filosóficas (6)
Atentos siempre en el progreso actúan los hermanos que representan vuestros hermanos Mayores, que os dirigen con acierto y Amor, y a pesar de esto se ven obligados en ocasiones a contrariar e inducir a su protegido al fracaso, para que medite y frene sus deseos de transitar por un camino que le está vedado, mientras otros lo recorren sin dificultad. ¿Por qué tal diferencia?, os preguntaréis. Porque no todos vienen con la misma causa; por ello no tuvieron la necesidad de que su existencia fuese tan recargada de contrariedades.
Estos hermanos conservan el libre albedrío y actúan según su deseo, mientras otros lo cedieron haciendo un pacto con su guía, cuyo libre albedrío lleva el espíritu desde su creación, y haga buen uso de esa libertad. La causa de que se encuentre el ser humano en el destierro es por no haber cumplido con obediencia el Mandato Divino, que todo ser humano ha de cumplir antes o después.
Por eso no hay nada casual para el espíritu: su paso por la Tierra está marcado: sólo cambia si, en lugar de ser valiente para obedecer el dictado de su conciencia, se acobarda y se deja llevar por la corriente de la vida materialista que tan contradictoria es para su progreso. También los hay que se sublevan ante las contrariedades; estas rebeldías son peligrosas, por querer incluso atentar contra su propia materia, o sea el suicidio, realizándolo unas veces y otras sin llegar a consumarlo, pues sus guías se lo impiden, para que por medio del sufrimiento se vayan purificando. Ellos saben muy bien dirigirlos entre la gran diversidad de situaciones que existen y según la facultad que tienen sobre su protegido.
Mucho hay que decir sobre este tema, tan diverso y extenso; sin embargo, no me extiendo más porque sería para algunos incomprensible, o tal vez mera curiosidad, y no es lo que pretendo con estas enseñanzas, sino que tengáis siempre presente que el estar desterrados es por tener causa. Procurad no contraer más para no tener que volver en otra nueva etapa al mismo punto en que os halláis.
Mientras los hombres vayan separados unos de otros, mientras no haya en ellos el deseo de practicar el Amor, por sentirlo en sí mismos, seguirán tomando cuerpo en la Tierra, o acaso en otro punto donde la purificación es constante, en el cual no pueden hacer uso del libre albedrío que antes disfrutaron. Nada tienen apuntado estos espíritus en la hoja del haber, en el Libro de la Vida, excepto deudas que hay que pagar. Por ello no será bastante hacerlo en la superficie de la Tierra, sino que habrán de descender a las entrañas de ella: otro destierro peor, de donde no salen los seres que allí entran, hasta no haberse despojado de lo que motivó bajar a él. Allí dejan pasiones y odios y el desenfreno con el cual atropellaban a sus hermanos más débiles que ellos.
No deis motivos para llegar a ser conducidos por la fuerza al punto que os menciono cuando dejéis la materia, donde los espíritus que allí toman materia corpórea van dejando sin remisión las imperfecciones que acumularon, quedando así el espíritu purificado cuando termina el tiempo de permanecer en él. Son estos espíritus como pieles que estuvieron en adobo, que no salen de allí hasta estar bien curtidas. Este mundo de expiación a que me refiero es lo que alguna religión ha dado en llamar infierno, con la sola diferencia que la estancia de los espíritus en él no es eterna ni padecen los efectos del calor, sino que son de constante frío y sufrimiento.
Dejando y tomando encarnaciones se va purificando el espíritu, y lo hace con más éxito cuando cede su libre albedrío al «guía protector», que es el encargado de dirigirlo por el buen camino a seguir. Si no es obediente a «el», al ser avisado, se ve obligado el protector a aplicarle el correctivo merecido, según la facultad que tiene concedida para ello, aplicándole un correctivo de enfermedad o pérdidas materiales, o vedándole lo que más quiere para que no sucumba entre pasiones siempre insatisfechas.
Por lo tanto, cuando no va ajustado el protegido, el protector se lo recuerda por medio de las contrariedades o el dolor más o menos agudo, advirtiéndole que hay algo más que el presente para que con humildad eleve su pensamiento al Padre y modere sus actos, y en lugar de orgullo haya mansedumbre en él, y piense un poco en los que carecen de lo que a él le sobra. Ciertamente, lo que hoy cree tener en exclusiva puede perderlo en un momento de la vida, y así por el fracaso y la contrariedad rebajar el orgullo que le hace creerse superior a sus hermanos.
Examinad vuestro estado cuando os vengan las contrariedades y ved si os estáis vanagloriando del bienestar que por el momento disfrutáis, o bien si vuestro egoísmo no tiene freno. Dios no castiga a sus hijos a penas eternas, pero hay una Ley a cumplir si quieren volver a su Lado. Cuanto más distantes se hallen de ese Principio, punto de Origen de todo lo creado, más padecimientos hallarán. Por eso, no pidáis que su Reino venga a vosotros, sino id vosotros a EL purificados y esencializados, convertidos en un foco de Luz semejantes a El, sin llegar a su Grandeza, pero sí puros y embriagados de Amor.
Todo requiere voluntad para dar principio a los hechos de Amor, separando de sí el orgullo y egoísmo: elementos carentes de amor como no sea el apasionado, que solo tiene cabida en los espíritus ignorantes. Tened presente que este no se conoce fuera de la frontera de la Tierra.
¡Cuán tristes y apenados quedan estos espíritus ignorantes! Al dejar el cuerpo material, van errantes por tiempo indefinido según sea su materialización, hasta que son conducidos por la Justicia del Padre a que contemplen todos sus hechos en el Libro Universal de la Vida y entiendan que han de volver otra vez al torbellino de las pasiones humanas. Pero hago constar que estos espíritus, a pesar de estar próximos a vosotros por su poca elevación y apasionamiento por las cosas de la Tierra, nada pueden hacer ni a favor ni en contra vuestra por carecer de facultades para ello. Por lo tanto, nada temáis de estos espíritus, tanto más cuanto que vuestra moral es la correcta; no dejará de ser un estudio para ellos y una protección que en todo momento os prestará el ángel guardián, quien dirige vuestros pasos con todo Amor.
El Amor sin pasión, se manifiesta con todos por igual. El apasionado no sirve para pasar fronteras. El Amor Universal es una especie de visado para pasar fronteras: cuando el visado no es conforme, no hay paso libre, como les sucede en la Tierra a los delincuentes a quienes no se les otorga ese pasaporte para pasar a otra nacionalidad; en cambio, el hombre de bien puede obtener el documento en el que consta su buena conducta. Así, pues, se han de presentar los pasaportes que dan paso a esferas celestes, por ser el Padre Suma Justicia y sus Leyes inmutables.
Cuantas formas de vivir se contemplan en los hombres, así también existen para los espíritus cuando se hallan fuera de la materia, en la diversidad de esferas. Es sumamente interesante ver y comprender la vida de los espíritus, empezando por la de los ignorantes, hasta llegar a saber la de los que ya son puros y brillan como soles, por estar exentos de materialización que hace opaco al ser, al tapar la Luz que en sí lleva desde su creación. Pero las buenas obras y el Amor desinteresado, manifestado de unos para con otros, hacen brillar como un diamante al espíritu hasta convertirlo en un Sol. Son estos méritos, hermanos míos, los que hay que alcanzar para no seguir en tinieblas, ahora y cuando quede vuestro espíritu libre de la carne.
Sabed que lo que en el presente os produce remordimiento, cuando dejéis el cuerpo en la Tierra os producirá decepción al ver el resultado de vuestro proceder. No seáis uno de ellos, ya que nada en vuestro viaje adelantaréis. Como un viajante que no sabe hacer bien la representación que conscientemente aceptó, y que, cargado con el equipaje de su muestra, fue y volvió sin conseguir ganancia alguna: tiempo perdido, hermanos míos, la de este obrero viajante. Esto es cuanto le sucede al espíritu que, cargado de imperfecciones, vino a nacer para librarse de ellas y no supo por medio del bien hacer y convivir con sus hermanos, ir dejando el pesado equipaje y ser un día no lejano un espíritu iluminado con su propia Luz.
Apagad el fuego de las pasiones y encended el del interno, que cada uno lleva dentro de sí. Este fuego es el que enciende el deseo de saber e indagar en lo espiritual, que enseña como hay que comportarse, sobre todo cuando la situación le es adversa al hombre, cuando ese tiempo que un día le sonrió se ha vuelto hostil, y los días que transcurrieron serenos aparecen de momento con densas y oscuras nubes. Para unos lo es hoy, para otros tal vez será mañana. El dolor, hermanos, no es caprichoso, sino que va posándose, cuándo y donde le marca el tiempo que queda al descubierto en el transcurso de una vida más o menos larga.
El dolor es un medio de meditación para el hombre, en su propio presente, porque en los momentos que hace presa ya no interesa la vida mundana, ni se concede a ésta la misma importancia. El hombre busca y anhela algo desconocido hasta el momento, pero a pesar de no saber a punto fijo en qué consiste, presiente que existe algo más allá de este presente.
Hay lucha constante entre los humanos por diferentes causas. ¿En qué consiste este malestar? En que todos creen ser superiores a los demás. ¿Con qué derechos lo creen? Con los del orgullo y egoísmo. Estudiad el origen del desacuerdo entre unos y otros, y siempre los hallaréis. Cuando no hay cordialidad sincera entre los hombres, ellos son la causa sin lugar a dudas. He aquí por qué no se comprenden unos y otros la mayor parte de las veces, a pesar de creer que todos llevan la razón. Con esto veréis claro que la diversidad de opiniones en algunas ocasiones, crean desavenencias hasta el punto de no dejar coordinar. Ardua tarea para vencer esta fase si se cree tener la mejor parte cuando se trata de razón.
Dejad rencores y agravios como si fuesen cuentas pagadas, y preparados estaréis para pasar a otra esfera más depurada y limpia. ¿Qué os parecería si cuando higienizados estáis por haber hecho una limpieza en vuestra materia, os pusieran en un ambiente viciado y sucio. No os encontraríais a gusto, sino que más bien estaríais deseosos de salir de allí. Esto mismo les sucede a cuantos hermanos libres han alcanzado por su cumplimiento un punto de elevación.
El Padre tiene moradas adecuadas para que las habiten sus hijos según sea su grado de elevación, separando las categorías de los espíritus por sus grados de Luz. Por esto, los que cumplen las Leyes de Dios no tienen necesidad de volver a la Tierra, sino que pasan a otro mundo más elevado. En cada reencarnación se prosigue la selección, para separar lo puro de lo impuro, los más espiritualizados de los materializados.
Cuanto al Padre pertenece, todo es Orden, todo es Amor y Justicia. Para acercarse a EL, es preciso dejar lo que a la Tierra pertenece y así poder coger otros atuendos más delicados y sutiles, propios de los mundos de elevación. Analizad por vosotros mismos cuales serán los que habréis de usar. ¿Acaso los hombres no se visten con las mejores galas cuando tratan de acercarse a quien se le llama una personalidad en la Tierra? ¿Acaso no sentirá el mismo respeto el espíritu, y procurará despojarse de materia cuando trate de acercarse a esa GRAN POTENCIA CREADORA? Lleno de Amor es un espíritu cuando se acerca al Padre, por no existir materia en las esferas que va alcanzando. Son cual filtros cada vez más finos, para que cuando llegue esta vitalidad a su punto de origen, esté completamente purificada.
No puede ascender el ser desterrado hasta no haber pasado por el aprendizaje que requiere observancia, voluntad y constancia. Y no siempre lo consigue en una sola encarnación; por eso ha de volver otra vez a terminar de quitarse los residuos calcinados que aún conserva. Una gran voluntad tiene el hombre cuando está su cuerpo enfermo, vedándole lo que no le va bien para que sane y no sucumba en la llamada muerte. En lo referente al alma debéis hacer lo mismo: procurad no darle lo que la pueda enfermar. Resolver este dilema es cosa de cada uno, así como el cumplimiento, que nadie lo puede hacer por otro.
Cuando deja el espíritu la Tierra y va en ascenso hacia el Padre, sólo le anima un pensamiento: superarse en la práctica del Amor entre sus hermanos. Nada ni nadie le impide estas manifestaciones de Amor para devolver bien por mal, e ir haciéndose inmutable a las ofensas que le infieran los que nada comprenden de ese Amor que se deben los humanos mutuamente. ¿Cuánto les falta aún a los habitantes de la Tierra para que así se comporten? Lo mismo que les falta para acercarse a Dios.
Diferente causa traéis, pero Una Sola es la Ley que hay que cumplir, la de unificarse en el Amor Universal. Por eso el recorrido que hace el espíritu desde que sale del Padre hasta que vuelve a El otra vez es más o menos largo y depende de cómo es el comportamiento. A pesar de que hay en esto mucha diversidad, sólo el hombre es el responsable, sin que en ello tome Dios parte alguna, puesto que al crear al espíritu, se hace inmutable, para que cada uno sea responsable de sus actos. Sólo cuando estáis obligados, carga con la responsabilidad quien os obligó, por robaros el libre albedrío. Cuando juega su papel el Amor manifestado, no tiene tanta causa el inducir a otro a realizar una u otra cosa. Son, por lo tanto, muy diversas las circunstancias y los hechos. Así, pues, tened buen cuidado de no inducir a vuestros semejantes equivocadamente o forzarles a que hagan cuanto vosotros pensáis, robándoles con ello el libre albedrío, porque dejan de ser ellos los responsables del hecho que han llevado a cabo.
Acertados van los que hacen buena labor de enseñanza acatando órdenes de los guías y respetando el libre albedrío de sus hermanos, para que cada cual cargue con sus propios errores. Para esto vienen a instruiros los espíritus libres de cuerpo, que también fueron desterrados, a dar por medio del pensamiento las comunicaciones que os han de ayudar en el saber, sirviéndoos de adelanto en la carrera espiritual. ¡Bendito sea el trabajo que da motivo de alcanzar cimas altas! No basta conformarse con no hacer mal, sino que debe hacerse algo que ayude y beneficie a los demás, para que puedan ellos también ir escalando esa cima prometida. ¡Cuanta gravedad lleva ante Dios haber alcanzado comprensión en dicho saber y no ayudar a instruir a sus hermanos! Mientras no alumbre al ser humano su propia Luz, irá a ciegas, y al no poder alumbrar su propio camino menos alumbrará el de sus hermanos.
Triste cosa es para el espíritu desoír la voz de la conciencia, que siempre avisa cuando no se obra de acuerdo con los sentimientos del alma. Si se oye y se lleva a la práctica, los buenos sentimientos se manifiestan entre los hombres y son como ejemplos para los que están sordos a la llamada de la conciencia, y así se van preparando por el contacto con los ángeles que los dirigen. Entonces se unen los pensamientos, surgiendo de ello la comprensión y el modo positivo de pensar. Del mismo modo sucede, por ejemplo, con la luz, cuyas fases se han de complementar para que haya contacto e ilumine la estancia. Lo propio le sucede al espíritu que consigue iluminarse disfrutando de su propia Luz. A los que ya han conseguido algunos grados de elevación, su propia Luz les alumbra el camino, haciéndose visible a los ojos de los hombres, por el modo de obrar, y los actos que van realizando algunos de ellos son incomprendidos, en especial por los que están más pegados a las cosas materiales.
Los guías protectores prueban la templanza de sus protegidos, los cuales no siempre responden a los buenos deseos de Amor del guía que no desea castigar la materia. De ello depende la mayor o menor salud de los cuerpos, según sea la obstinación del individuo en su desobediencia; cuando el guía le avisa, por medio de los toques de la conciencia, cuando va a tratar a sus hermanos como no le gustaría ser tratado por ellos.
¡Cuánto les acusa la conciencia a los seres que por su culpabilidad sucumben tantos hermanos suyos! Con estas actitudes crean una causa cuyos efectos pagarán mas tarde con el dolor, el mismo que ellos causaron. Por eso, a menudo se ven entre vosotros seres que arrastran sus miembros con deformaciones; otros cuyos padres son unos irresponsables; y otros, que, a pesar de llevar una vida austera y su proceder sea ejemplar, nada les favorece y van alternando con ciertos pesares y dolores; ello hace exclamar a la ignorancia: ¡Cómo Dios permite que este ser pase tanta contrariedad siendo tan buena persona! ¡De cuántos juicios equivocados es capaz la ignorancia, haciendo de un Dios Justo y Bueno un Dios caprichoso y vengativo para que cree diferencias entre sus hijos! ¡No, hermanos míos! El Creador de todas las vitalidades es la Esencia del Amor para toda SU Creación.
El ser humano va siempre protegido y ayudado por su guía protector, para que no se salga del camino que el mismo eligió, cuando libre de cuerpo se hallaba y antes de tomar otro en la Tierra para terminar de cancelar el deber anteriormente adquirido: Durante el tiempo que está en el seno de la madre, o periodo de gestación, lo olvida, empezando otra nueva existencia, en la cual muchas veces la ignorancia de los padres lo envuelven entre pasiones, orgullo y vanidad, y con esto ya empieza a creerse superior a los demás. Del Amor encomendado por el Creador ya no se acuerda y a pesar que su protector se lo va recordando constantemente, se inclina a sus deseos y placeres que sólo halagan la parte material que tanto demora el progreso del alma, sin pensar que al término de su existencia pasajera, la materia que tanto recreó y contempló de nada le sirve ya, y se ha de enfrentar con la realidad dando cuentas a la Suprema Justicia. Aun siendo juzgado con Amor, no podrá eludir la sentencia si sus actos han sido carentes de Amor hacia sus hermanos. Por eso hallaréis consuelo al saber que a vuestro lado lleváis quienes os ayudan e ilustran, con arreglo al merecimiento de cada uno.
Sol Divino que iluminas
a tus hijos desterrados,
con tus luminosos rayos,
y puedan estos cumplir
la condena que a él trajeron;
irradiando unas fuerzas,
para que sepan amar
a los que antes ofendieron;
hasta no haber convertido
la hiel que antaño dieron,
en Amor Universal,
que es el que une a los hombres
en una misma comprensión,
al tratarse como hermanos,
por proceder de un mismo origen,
que es el Padre Creador.
Atentos a la llamada
que el clamor del cielo os hace,
para que deis amplitud
y oído a quien os habla,
de Amor y no de guerras,
las que crean los humanos
al no saber reconocer,
que todos son sus hermanos
ante quien les dio la vida,
ante quien es todo Amor
hacia su inmensa creación;
sin que sus amados hijos
lo lleguen a comprender
por no dar cabida en su mente
que la Ley es todo Amor,
para todos en general
en la infinita creación.
Hasta luego, dicen las almas,
que se van sin haber cumplido,
y preparadas vuelven para hacerlo,
con misión un tanto recargada,
para cumplir, lo que antes no hicieron.
¿Fue acaso por ignorancia,
o fue por cobardía,
o por estar sordos a la llamada,
del Ángel que os acompaña?
Medita bien hermano,
donde está la causa,
y verás que fue la equivocación
en anteriores andanzas.
Cambia tu rumbo, no prosigas,
antes que lo hagas forzadamente
con las penas o contrariedades,
que llegan a los hombres sin esperarlas.
Sepas pues dirigir tus pasos,
en esta presente vida,
y sigue adelante pensando,
que existen muchas más vidas,
después que llegue tu muerte
en esta Tierra querida.
CUAN HERMOSA Y LUCIDA ES UNA IDEA SI ESTA ES DIRIGIDA AL BIEN HACER CON SUS SEMEJANTES.