04 Abanderados de buenas causas

      LOS ABANDERADOS DE LAS BUENAS CAUSAS

  Nunca mejor visto y expresado el trasfondo psicológico subyacente en el ser humano, que en los Abanderados de las Buenas causas. El ser humano dispone de un cuerpo físico, como santuario de sensaciones, emociones, sentimientos y pasiones, todas ellas entremezcladas en orden más o menos caótico o equilibrado, según el conocimiento de sí mismo. Y una de sus necesidades básicas, es la de sentirse útil, importante y sabedor de que está en el buen camino como protagonista útil al mundo: La necesidad de protagonismo con su sensación de poder, es uno de los factores causantes de las mayores distorsiones en la humanidad. Puesto que el ser humano en este estado, está anclado en muchos casos, en la disparidad de lo que visualiza como positivo y negativo ante la vida, sin haber accedido todavía al saber intermedio complementario, que le dé acceso a la visión de la sabiduría, por ver cada uno en sí mismo, su positivo-negativo, y su negativo-positivo.

  En esta visión integral de su psicología, ya no son dos sino cuatro factores en juego para darnos la visión de lo correcto. Pues son infinitas y variadas las maneras de acceder a la categoría de los Abanderados de las Buenas causas, sin haber todavía llegado al trasfondo psicológico promotor de tal acción, al estar este trasfondo cubierto o velado por la causa defendida.

  Dicen las Escrituras que «No hay justo ni aun uno» y «Todo aquél que haga grandes obras y lo dé todo para el mundo, sino tiene Caridad, nada hace» Queriendo esto decir, que para trabajar y defender algo, primeramente uno debe de empezar por sí mismo, teniendo la suficiente pureza de conciencia para juzgar la obra de sus semejantes:

  Una de las formas sociales más en boga de defender la buena causa, es el rechazo y condena del aborto; teniendo este lance sus detractores y defensores por igual, convencidos en sus derechos, tanto unos como otros, como abanderados de su buena causa.

  A este estado de cosas, la Filosofía como Amor a la verdad, no se puede dejar llevar solamente por criterios éticos dando la razón a unos y quitándosela a otros, sin antes tener al mismo tiempo una visión integral de la cuestión. Pues veamos los hechos históricos, que mientras se ha defendido la vida por una parte, por la otra se la ha quitado en nombre precisamente y paradójicamente del dador de la misma vida. Los santuarios levantados en nombre de Cristo, de Alá, o de quien sea, con una mano llevando la bandera de la salvación y con la otra la espada inquisidora y fundamentalista. En estas condiciones ¿qué diremos? que ¡No hay justo ni aun uno!

  El aborto no es un derecho en sí, sino la ignorancia de lo que esencialmente o espiritualmente eso presupone y significa, y en esta ignorancia de la verdad, es donde se asienta la mayor causa del aborto. ¿Quién tiene la responsabilidad de la causa de tal ignorancia? ¿No será en todo caso o en gran medida, de los que han ostentado durante siglos el poder de la verdad, siendo esta mixtificada para no saberse?

  Según el orden o visión espiritual, la cuestión del aborto debe de enfocarse desde el origen y significado de la existencia, defendiendo la vida, pero sin antagonismos ni abanderamientos.

  ¿Por qué el ser humano no tiene hijos cuando quiere, o los tiene sin desearlos?
   ¿Qué es lo que promueve la vida?
   O mejor todavía: ¿Se podría desarrollar un feto, si no fuera por una inteligencia, vitalidad o ser que animara el óvulo fecundado?
   ¿Podría el óvulo absorber con su imantación al espermatozoide, si antes este no fuera imantado por el ser o la vida encarnante?

  Posiblemente muchos abanderados de la buena causa no les interese o no quieran oír hablar de estos temas existenciales. Si piensan que están en su derecho, que lo están, también a los que juzgan tendrán que darles lo mismo que quieren para sí. Pues visto según la Ley justa, si el que aborta no hace lo que debe, tampoco lo hace el que pudiendo tener el hijo, no lo quiere, por las miles excusas de trabajo, sacrificio, etc. que eso conlleva. A los abanderados de esa causa les pregunto: Si están aparejados ¿porqué buscan el pontelo-ponselo si eso impide la vida? o ¿por qué ponen medida? ¿Por qué no empiezan ellos a dar ejemplo antes de coger la Bandera de la buena causa?

  ¿Por qué no sacamos también la bandera de una sociedad más solidaria para que los hijos de todos sean mantenidos equitativamente entre todos, estén estos aparejados o no? pues esto sí que sería justo para que nadie se viera precisado a abortar. Y sino, que cada cual conozca los porqués, causas y efectos que sus actos conllevan tal como rige según la Ley del espíritu, (no porque existan unas leyes jurídicas puestas por el hombre) y entonces, con su propia conciencia que decidan por sí mismos.

Iostako Maraltrix