Revelaciones filosóficas (3)
Cuanto más se acelera el paso más pronto se recorre el camino por cada uno elegido, y cuanto más se sabe amar más se crece en el saber. La sabiduría espiritual abre bellos horizontes; no termina nunca, ya que siempre hay algo más que saber y descubrir. En ello se manifiesta la Justicia del Padre, que permite a sus hijos disfrutar de lo ganado mediante la obediencia al cumplimiento de Su Ley, que radica en Sus Atributos de Amor, Paz y Caridad. Cuanto más se practiquen estos, más sabiduría se alcanzará y mas predisposición para recibir el contacto Divino.
No puede germinar buena siembra donde no se puso buena semilla. Por ser las obras fruto del pensamiento, analizad este y desechad cuanto no sea bueno, y cesarán las malas obras. Esto es a lo que se reducen las enseñanzas de Jesús y que hoy en día sigue manifestándolas por medio de interpretes materiales, para dejar testimonio una vez más de que continúa adoctrinando a los desterrados, mediante la comunicación o el lenguaje mental, como los hombres lo hacen con la palabra. Así lo hizo Jesús después de dejar el cuerpo en la Tierra, que se comunicó con los apóstoles, José y las tres Marías, les comunicó que vendría en otro tiempo a decir lo que entonces no podía manifestar, porque no le hubiesen comprendido, debido al gran atraso del pueblo hebreo.
No le atribuyáis lo que no enseñó ni dijo, pero sí acordaos de sus enseñanzas, según las cuales hay y habrá quien siga revelando lo que se dijo veinte siglos atrás, con la finalidad de enseñar al humano, que hay muchas existencias vividas antes de ser desterrados, y mejores esferas donde se pasa después de haber cumplido en la Tierra; lo que se sigue repitiendo, por el Amor de Dios hacia sus hijos, para que no sucumban y puedan recorrer el camino que tienen trazado. Vuestras obras y costumbres, modificadlas a tiempo, antes de que sea demasiado tarde, si no las lleváis encauzadas hacia el amor con todos vuestros hermanos.
Como pompas de jabón así se extinguen las encarnaciones que se van dejando atrás. Pobres almas supeditadas a habitar mundos en donde se debate el orgullo y todo placer carnal, y a pesar de que siempre añoran volar hacia su punto de origen, por falta de valor tienen que seguir dando vida a un cuerpo y combatiendo toda tendencia material que cada vez se va acumulando más en su espíritu. Es una lucha que sostienen implacablemente sucumbiendo una y otra vez por dominar más lo perteneciente a la materia que la sensibilidad propia del alma, esencia vital consciente, conque Dios dota al espíritu dándole vida e inteligencia, y por mediación del cuerpo se han de manifestar estas dos tendencias.
El espíritu, cuando es creado, pasa por un período de tiempo durante el cual no es responsable de sus actos, pero cuando entra en estado de responsabilidad le toman buena nota de todo cuanto haga a sus hermanos. Si no va ajustado a la Ley de Dios él mismo dicta su propia sentencia, sin que tome en ello parte alguna el Padre, como algunos pretenden. El, se hace inmutable, para que el espíritu humano tome conciencia de su libre albedrío y actúe según su deseo. Por esto permite por Caridad que otros hermanos progresados le acompañen mientras no tenga la seguridad suficiente para andar por el camino sin caer. Los desobedientes y reacios a saber aprovechar toda oportunidad que se les brinda seguirán en las mismas tinieblas en que se encuentren, y estas llegan más allá de la muerte de la materia, para que reaccionen y comprendan la situación de todo ser desterrado.
Es vuestra estancia en este mundo como transitar por un campo incultivado, en el que de vez en cuando se encuentra algún abrojo. Por ser vuestra vista de corto alcance en el terreno espiritual, no vislumbráis otro camino que tenéis más cerca, de fácil transitar y sin nada que lastime vuestros pies, como es la Doctrina que os presento. Ha habido mixtificaciones en ella por algunos desaprensivos, que a costa de una verdad sin límites han hecho un lucro con las cosas Divinas, por no tener fe ni en ellos mismos. También a lo malo se acomoda el hombre por cobardía, y por no querer molestarse en indagar lo que pueda haber más allá de lo conocido. Sólo cuando acuciado por las penas busca liberarse de ellas, avista otro camino más sosegado. Son pruebas que recibe y recibirá para conocer cual es su saber, y este lo manifiesta el humano por el cumplimiento, en sus muchas formas de actuar.
Todo ser que solo ha trabajado para su estancia aquí en la Tierra, es porque se ha dejado llevar por las pasiones, y el amor y la caridad no cuentan para él. No basta decir creo, hay que probarlo con los hechos, y para saber si en realidad hacéis algo de esto, al termino de la jornada confesaros a vosotros mismos y ved si habéis hecho con vuestros hermanos algo de lo que no os hubiera gustado para vosotros mismos. Esta es la base, hermanos, de saber si vais equivocados en vuestros actos. Son muchos los medios que tenéis para ayudaros mutuamente sin que medie el egoísmo de la recompensa. Por ejemplo, consolar al que sufre, esto ya es una gran caridad, como lo es avisaros de ese gran peligro que corre todo aquel que sólo piensa en él y nada hace para ayudar a sus hermanos; el que así actúa es y será esclavo de sí mismo. En ciertas ocasiones el ser humano se asemeja al bruto, por air mas bien la voz de las pasiones de la Tierra que la de su conciencia. Pero ¡cuidado! Tenéis un tiempo límite para hacer vuestro progreso en esta existencia.
Siempre necesitáis pruebas palpables para dar cabida en vosotros a la fe, por dedicar poco tiempo a pensar en las cosas que a la creación de Dios pertenecen; el poco conocimiento de lo espiritual hace que se le tema por desconocido. ¿Por qué, hermanos míos, si entre esa extensión espiritual se hallan vuestros seres queridos, que un día fueron todo para vosotros, y en un tiempo más o menos lejano puede ser que entre ellos vosotros os halléis? Hermanos vuestros son todos los seres que pueblan el Universo, con los que habéis de llegar a convivir, ya que tenéis el mismo origen de Creación y los mismos medios para volver al Padre. ¿Por qué, pues, tanto miedo a lo desconocido? Y ¿por qué tan despreocupados algunos, por saber sobre su propia vitalidad, a pesar de ser ello algo tan milenario y necesario para el saber de la creación dela ser humano? ¿Tan sobrenatural os parece lo que es precisamente tan natural, como que hay en vosotros esa alma ansiosa de dejar la materia para así hallar la libertad? Si le ofrendáis ciertos ceremoniales cuando termina la vida material es por creer que existe. Sin embargo, hay algunos que nada desean saber con respecto a ella.
Cuantas veces os reveláis cuando os hacen lo que vosotros hacéis, y eso es motivo de que vuestras almas no puedan remontar un palmo del suelo. Triste es la situación de éstas cuando dejan el cuerpo en un sepulcro más o menos adornado y siguen contemplando ese materialismo que practican sus deudos. Están en un radio atmosférico que pertenece ocupar a los carnales, no a los libres de cuerpo, que deben continuar su progreso, y este es el sufrimiento contante para las almas que se quieren remontar y no pueden. Ellas no pueden ayudar a los suyos, ni éstos a aquellas, porque Dios en Su Justicia Infinita no puede dar a sus hijos lo que no se hayan ganado, por no caber en El la pasión. Solo la justicia humana es la que falla, por existir entre vosotros la pasión, y esta es mala consejera para ser un buen juez.
Tragedia es para el hombre el separarse de los lazos familiares para el tan queridos, ignorando que siguen viviendo y amando a los que en la Tierra dejaron. Cuanta más elevación hayan alcanzado, mas aman a los que dejan. No existen las diferencias de cuando estuvieron encarnados, y muchas menos existen cuanto más puros son.
Cuando dejes tu cuerpo, alma que de paso estás por la Tierra, sabrás el valor que tiene haber sabido cumplir, que es la finalidad que te trajo a ella. Hay quienes lo consiguen con su fortaleza y valentía, mas otros siguen en el mismo estado que tenían al venir al mundo. Decidme, hermanos míos, ¿Qué adelantaron estos seres en una existencia, si no supieron cumplir cuanto prometieron? Nada, sino dejar su cuerpo para volver a nacer de nuevo, hasta que sepan vencer el orgullo, el egoísmo y la vanidad, con el amor, la paz y la caridad. La misión que trae el humano a la Tierra, es mejorar en todo aquello que no está en armonía con su progreso. El Padre Creador pone todos los medios para que podáis llevarlo a cabo, pero el desenfreno hacia las cosas materiales os hace desoír al guía que os dirige y que os acordéis menos de lo Divino, que en un tiempo más o menos lejano podréis contemplar y vivir.
Las almas cumplidoras que han llegado a un alto grado, se acuerdan de vosotros y quieren ayudaros para que salgáis de la ignorancia; ellas siempre trabajan para superarse y esto lo consiguen ayudando y amando a sus hermanos en todo cuanto el Padre permite. Entre las almas todo tiene un riguroso control y ninguna se propasa. Estas están siempre atentas y humildes, ya que este es su gozo.
Hay moradas de esplendorosa Luz para los que supieron cumplir, y las hay de tinieblas para los soberbios, orgullosos y egoístas, de tan larga duración como sea su causa. El padre, que para todos es Amor constante, os procura medios para que despertéis de la ignorancia, y os acerquéis a El cuando sepáis amar a semejanza de El Al existir entre ambos esa unión de pensamientos, podréis gozar a Su Lado de las bienaventuranzas eternas, como lo hacen los que dejaron ejemplo de virtudes.
Al ignorar el humano la causa de que fuese desterrado a la Tierra, permanece en esta ignorancia; y por lógica se comprende que es el espíritu quien cometió el delito antes de ahora, no la carne, pues esta la toma en el mundo análogo a su estado de perfección o imperfección. El planeta Tierra es mundo de expiación, en donde encarna el espíritu para cancelar las malas obras cometidas con sus semejantes en anteriores encarnaciones y para aprender a tratar a sus hermanos como quiere ser tratado por ellos. Y si esto no lo hace en una encarnación está supeditado a hacerlo en otra, y así pagar la pena del Talión.
El Padre Creador manifiesta Su Atributo de Misericordia, al dar a sus hijos el tiempo necesario para que cumplan el Mandato Divino que reciben cuando salen de Su Lado. Aún cuando no falte quien crea que en Su Infinita Misericordia perdona o cancela las faltas cometidas, El no se mete con nadie, ni castiga ni perdona, es inmutable contra todo agravio. Sin embargo, como es Justicia, permite que retorne a vosotros la piedra que contra vuestro hermano arrojasteis. Es así como debe comportarse el ser humano sabiendo que no ha de hacer a sus semejantes lo que para él no quisiera.
¡Oh, Misericordia Divina, cuál no es el bien que dispensas a los hombres al concederles un tiempo indefinido para que así puedan regenerarse! El Padre solo encarga a sus hijos cuando salen de Su Lado, Amor, Paz y Caridad, dándoles los medios para cumplirlos; por eso el humano es el culpable de practicar lo contrario, lo cual le ha de producir el malestar antes o después. ¿Acaso os es más fácil seguir fórmulas creyéndoos que aquietáis vuestra conciencia? Esto es como cerrar los ojos cuando no se quiere ver las cosas desagradables a pesar de que estas sigan existiendo, y cuantas pruebas se presentan sin saber por donde ni por qué vienen sin tomar parte en ellas. Mientras no lo resolváis vosotros mismos, no podréis comprender que han existido otras vidas corporales para vuestro espíritu.
Para mejor comprender os ayudará el mantener fijo el pensamiento en el Padre de Amor, sin pasión ni rencor contra ningún hermano. No dudad que estaréis en disposición de recibir contestación sobre las cosas que tratéis, si hay limpieza demente para poder dar entrada a esa comprensión que se desea obtener. Si el hombre analiza su presente podrá comprender mejor cuanto pasa, viendo como habla en él su pasado y sabrá también que el futuro hablará de este presente, ya que todo acto realizado queda minuciosamente registrado en el Libro de la Vida, que todo ser humano tiene presente al dejar la existencia; ese es el control que el Padre tiene de sus hijos para que ninguno pueda eximirse de las faltas cometidas.
No os destruyáis unos a otros, porque lo que un día se destruya lo construirá en otro y en peores condiciones. Pensad que si solo existiese este pequeño intervalo de vida o tiempo que transcurre en el destierro, ¿Dónde se rectificarían los malos pasos andados, y el por qué de los sufrimientos inevitables, si solo hubiera este presente? ¿Dónde estaría la Sabiduría y Justicia de Dios en tales casos? Cuando movidos por el rencor se quitan los hombres la vida corporal unos a otros y son recluidos en prisión hasta pagar el delito cometido, ¿acaso creéis que Dios es menos justo que los hombres? Así El también dispone de las moradas adecuadas a cada caso o delito.
Tiene un valor inmenso para el espíritu encarnado en la Tierra, el tiempo de que dispone para desmaterializarse; al no saber por qué vino a ella, no lo aprovecha para cumplir, por apasionarse cada vez más por las cosas materiales. A intervalos de ese tiempo surgen contrariedades, que no puede evitar, y se pregunta por que suceden. Por eso repito una y otra vez que las tendencias materiales no dejan expansionar a las que en sí lleva el alma; esa es la lucha que sostiene esta, la que crea vuestra indecisión entre el bien y el mal hacer según el materialismo de cada individuo. De esto depende que sienta con mayor o menor claridad la voz de la conciencia. ¡Cuidado!, que esta es muy suave, hay que estar atentos para cuando se manifiesta, sobre todo a los que poco les importa perjudicar a un semejante si van con ello a satisfacer sus deseos.
Cuántos hay que tienen pensamientos perversos, aunque no los conviertan en obras por no presentarse la ocasión favorable para ello. Su conciencia no está limpia y por consiguiente el nivel no va recto. Este nivel representa las balanzas en donde se ponen y pesan las obras buenas y malas; procurad que las primeras pesen más, único medio de poder elevarse el alma donde han de darle paso libre a otras esferas.
Ha llegado el tiempo en que el ser humano tome conciencia del por qué de las diferencias sociales y de los dispares sufrimientos, cuando todos tenemos una misma procedencia que es Dios. Buscad su origen y causa. Si, como punto de creación se admite que todos los hombres son hermanos, entonces, ¿Cuál es el motivo de esa desigualdad?, os preguntaréis. Siendo el Padre la Esencia de Justicia no puede hacer diferencias.
Investigue el hombre la causa de que unos sucumban en una misma tragedia y otros no. ¿Creéis acaso que todo ello es fruto de la casualidad? No existe esta, hermanos míos; existen diversas causas, como diverso es el comportamiento, y luego el efecto que no se puede evitar. A pesar de vuestro arrepentimiento y del deseo de no reincidir en hacer daño, el que ya habéis hecho tiene su causa y no se puede eludir por ser Dios Justicia Infinita. Por eso, a menudo hallaréis hermanos que a pesar de su moralidad y rectitud en su vida tienen contrariedades más o menos dolorosas, que algunos no aceptan como justas y se rebelan, sin pensar que es una causa pendiente y justo pago de cuanto anteriormente hicieron.
Nota: No siempre los sufrimientos y contrariedades provienen de una causa anterior, sino también son fruto del ambiente de incomprensión que nos rodea; no obstante, sirven para pulimentación, sabiéndolos afrontar como estudio, con sus consecuencias.
Le cuesta mucho al hombre aceptar que en otra vida antes de la presente haya cometido delito por los cuales vino aquí desterrado. Medite, pues, cual fue el motivo de serlo si Dios es justo y Bueno. Si la muerte acontece a tan diversas edades poniendo el hombre todos los medios para evitarlo. ¿Cuál es el motivo?
Hay en algunos hombres el concepto de un Dios llamémosle acomodaticio, que les sirva de punto de apoyo en ciertos momentos de la vida, y relegándole seguidamente al olvido. solo algunos sienten la necesidad de acercarse a lo Divino, a pesar de no saber con certeza como se mueve ese gran engranaje que hace girar entorno a Sus Leyes todo el Universo, y ahí radica la causa de que no se pueda detener lo que tanto asusta. Hay que comprender dichas Leyes para poder aceptarlas, y a pesar de que sean costosas, acatarlas como cosa propia; la ignorancia sin embargo, hace tropezar una y otra vez sin acabar de entenderlas.
No obstante, hay que saber en todo punto, ya sea material o espiritual, por qué se cree y que es lo que se cree, y dónde está el punto de apoyo de su creencia. Es importante ser diligente y no dejarse engañar por uno mismo. Procurad ver las cosas como realmente son, poniendo ante los ojos un cristal claro para verlas con su propio color. Al definir un hecho se ha de opinar sin pasión y sin rencor si se desea ver con claridad, porque lo que uno considera justo para otro puede que no lo sea: todo depende del color del cristal que ponga a su comprensión o pasión.
A pesar de lo sencillas y vulgares que tal vez encuentres estas enseñanzas, el Padre desea que todos sus hijos las conozcan y comprendan; por ello las pone al alcance de todos, aun de las mentes más obtusas. Y si eres un intelectual, no las desprecies por tal motivo, estúdialas, medítalas, no sea que el desprecio te lo hagas a tí mismo y otro día vengas a ser lo que hoy llamas un pobre hombre, con un corto saber material.
Meditad antes de dar vuestra opinión, no tan solo por vosotros sino porque arrastráis a otros con vuestras opiniones y también ello tiene una causa, de la que habréis de responder después de este presente. Muchos se mueven en un ambiente parco en el saber, y en lugar de aplicarlo por medio del estudio y cumplimiento, a veces se aferran a un solo tema, cuando hay mucho para hallar la verdad. Es preferible hacer al principio de las cosas un examen de conciencia, para que esta dicte con más acierto dónde está la razón. ¡Cuánto habla esta, aún callando, y cómo se la comprende cuando se hace un poco de pausa! Esta es la base para captar una imagen real y hallar la verdad en su punto exacto, y razonar con más acierto, no la que se forja con vuestro deseo. Es un tanto delicado el saber que es lo real, y que es lo figurativo. Por ello os prevengo que cuando entréis en discusión, lo hagáis desprendidos del deseo de poseer la razón y así podréis ver con claridad dónde está la verdad.
¿Sabe algo el humano de lo que duda, teme y desprecia? Si materialmente solo es permitido deliberar y juzgar después de examinada y comprendida una causa, ¿Qué ocurriría si antes de conocer la causa los jueces materiales dictaran sentencia? Por eso estudian una carrera los que a tal puesto aspiran y aun han de ser conocedores de lo que pretenden con éxito defender. ¿Y que decir de cuantos temas con respecto al conocimiento del alma existen, si los juzga quien los desconoce? Qué os parece, hermanos míos, ¿podrá defender bien y aplicar un veredicto justo tal juez? Cuando sentencian injustamente a un individuo que apreciáis, ¿os agrada?, ¿lo halláis justo? Yo os digo que no. Así como en la vida material faltan esos conocimientos, con respecto a lo espiritual tampoco hay que juzgar a la ligera y a gusto de cada cual, sino despacio. Antes de dar una opinión, hay que comprender, para así poder deliberar con justicia.
El Padre pone al alcance de todos cuanto puedan necesitar. Y el que ha sido dotado de una inteligencia superior, que no se enorgullezca de ello y mucho menos se burle de otro hermano que no la posea. No hay que amilanarse por la duda de cuanto expongo, pues el que tiene fe en el Creador la vencerá, y comprenderá que es de El de quien hablo y de Su creación como son también sus hijos, sean en estado libre o encarnados.
Intrigantes o tal vez dudosas serán para algunos las enseñanzas que presento, mas yo os digo que son naturales, y el que medite en ellas con buenos deseos obtendrá la ayuda Divina. Comprenderá y ya no dudará de que existe una Fuerza Creadora que rige con Su Ley de Amor y Justicia a todo ser viviente. ¿Por qué dudar del Poder y Sabiduría del Creador, si cada ser humano lleva en sí una vitalidad que dimana de El, le anima y le da vida? Si el hablar del Espíritu resulta para algunos fantasmal. ¿por que ciertos ritos y plegarias cuando acontece la llamada muerte? ¿Acaso son dirigidos al cuerpo sin vida?
¡Pobre humanidad que entretenida en la práctica de rutinas y formulismos, nada aporta a su saber para el progreso del alma! He aquí lo que recomiendo a mis lectores, sean de la ideología o religión que fueren: que mediten lo leído antes de dar el veredicto, pues tratándose de lo espiritual, obtendrán la ayuda de la misma procedencia para su mejor comprensión, ya que en ello se manifiesta la Justicia Divina, que a todos llega aun sin pedirla, si es merecida.
Osados e intransigentes son aquellos que no aceptan la verdad de las cosas, y desean que se cumpla todo lo que creen sin examinar el error que en ello pueda haber… De allí resultan tantas equivocaciones en las distintas religiones, tan dispares en manifestaciones y comprensiones, y acompañadas de rituales que no pasan de ser un mero formulismo más entre los hombres. Cúlpense a estos que, en lugar de buscar la unión de los pueblos, los desunen al dar diferentes significados a todo cuanto al Padre Creador se refiere. Creen que por seguir ciertos rituales ya se librarán de sufrir los efectos de sus equivocaciones o modo de tratar a sus semejantes.
Si religión quiere decir Amor y Unión entre la inmensa creación de Dios, sin distinción de razas y colores, no son precisamente los ritos y formulas los que unirán a los hombres de la Tierra, por ser, como he dicho anteriormente, diversos. Al no existir más que un Dios no puede haber mas que una religión verdadera con la que se debe adorar y comprender al Padre o, mejor todavía, amarLe ya que Dios no necesita de hijos que le adoren sino de hijos que se amen entre sí, con lo cual ya se siente El amado.
Que cada uno medite y examine cual puede ser la religión verdadera, si la que habla por hipótesis o la que os expone con claridad el medio de descubrir la verdad por sí mismo. Entregados a realizar una perenne y bella labor están todos aquellos que han escogido una misión de enseñanza espiritual, y la siguen sin desfallecer, haciendo con esto la caridad mas completa, porque la cumplen ellos e inducen a otros a cumplirla. Mucha riqueza adquieren ante el Padre estos hermanos que saben aprovechar el tiempo en ayuda de los demás, mostrándoles el camino mas corto para llegar a la Casa Paterna, después de haber andado extraviados por otro sin hallar la salida.
Moviliza el humando sus ejércitos cuando necesita defenderse de su adversario y sin garantía de vencer o sucumbir en la contienda. En la parte espiritual, sin embargo, nada hay que no se defienda por sí solo, nada hay que en sí no lleve la verdad: todo obedece a unas Leyes que se complementan fielmente entre sí. Solo los humanos, conservando el libre albedrío, no siempre respetan las Leyes Espirituales ni materiales por voluntad propia; mas bien las cumplen con lentitud y como obligados. Por eso tantas existencias y siempre con la misma graduación, la de soldado raso.
El hombre sin moral es semejante a una máquina que destruye lo que a su paso encuentra, por no llevar freno que pare su mecanismo. Cuánto hay que meditar entre el ser humano por la diversidad con que enfoca la vida, aún hallándose en iguales circunstancias materiales. ¿En que consiste ello? En la comprensión que a el viene por su cumplimiento. De ahí aquello de, según el color del cristal con que se mire se ven las cosas. ¡Cuidado!, que el Padre lee en vuestros corazones y ve con que deseos vais. Mas bien, si no sois sinceros, sed pasivos. Por eso, no seáis tibios, sino fríos o calientes, pero sinceros con vosotros mismos, porque el que engaña se engaña a sí mismo.
Serenad la mente antes de dar el fallo a estos sencillos pero valiosos escritos, que os dan la clave para que cada cual resuelva su actual y venidera vida que infaliblemente ha de llegar. Anticipadamente os agradezco este gesto y mi Amor para ello os dejo.
EXPRESA EL HOMBRE EN LA TIERRA LO QUE SABE COMPRNDER. OTORGA EL PADRE LA GLORIA A QUIEN LA SABE GANAR, POR MEDIO DEL BIEN HACER, QUE ES LA BASE PARA MEJOR COMPRENDER.
Abre las puertas de tu inteligencia,
ser humano desterrado,
y comprenderás que Luz es vida,
y la materia es la muerte
de tu propia vida;
sepas, pues, guardar vida,
para cuando llegue la muerte
a tu materia querida.