30 Sembradores de la obra espiritual

  Sí, el Padre tiene un Ejército de sembradores, pero en este Ejército también hay categorías, pero estas categorías, estos grados, os los tenéis que ganar, pues el Padre, como hijos que sois todos, no puede hacer distinciones sin haberlas ganado. En este Ejército de sembradores, hay los generales, que son los Espíritus de gran elevación, de grande saber, de grande inteligencia. Luego les siguen otros, con grados menos superiores, pero también de grande progreso en los mundos astrales. Luego siguen hermanos que, con poco grado, pero con un espíritu progresado, se les permite también trabajar en la viña del Señor. Y luego, por último, vienen los que con amor quieren trabajar, esperando que algún día se hagan merecedores de ingresar en este Ejército Espiritual de trabajadores. ¿En qué graduación perteneces, espíritu? Si tienes la suerte de pertenecer, de formar ya parte de este Ejército, no desertes, que la blanca paloma de la Paz te asegura que ya has emprendido tu camino y no hay que dejarlo.

  Son muchos los llamados y pocos los que cumplen. ¿Por qué? ¿Tan difícil y costosa es la obra Espiritual? Yo no lo veo así. Muchos hermanos, cuando son llamados, acuden presurosos en busca de otro hermano que les dé fuerzas y canalice el Don para que han sido llamados; van con entusiasmo, lo dejan todo, no reparan en sacrificios. Pero, ¡ay,..hermanos…! Cuando ya son sembradores, cuando ya tienen en su mano el trigo, entonces ven cuanto sacrificio les cuesta, cuánta lucha y también cuántos disgustos, y poco a poco, se van alejando de aquel campo que se les había dado y ya no quieren sembrarlo, rehuyen trabajar con el. ¿Por qué dejáis de sembrar? A ti me dirijo, hermano sembrador: por qué te cansa la misión que te se ha confiado? ¿No comprendes que, si tú, espíritu sembrador, no trabajas, muchísimos se quedan sin recibir la semilla, o sea, la palabra de la verdad pura y limpia? ¿por qué detienes la obra que se te ha confiado? En vuestro planeta, se necesitan muchísimos obreros para que todo produzca, de lo contrario no comeríais; pues reflexiona que, en los campos espirituales pasaría lo mismo, si los sembradores que el Padre envía no trabajaran: Otros, lo trabajan, pero si aquel trabajo no lo ven remunerado terrenalmente, tampoco lo quieren sembrar. Qué triste, qué tristeza dan estos hermanos, porque, por humildes que sean, no comprenden que en la viña del Señor hay que trabajar de balde, pues de lo contrario, en vez de flores y espigas recogen cardos. El salario tiene que dártelo, hermano que has alcanzado un Don, el propietario del campo que cultivas, no los que no tienen nada que ver en la viña.

  Los “Espíritus sembradores” (libres de cuerpo), esperan ansiosamente que vosotros les deis paso, espíritus sembradores terrenales, para poder esparcir la Divina semilla, y aquellos “Espíritus”, no pueden volver cargados, pues ellos tienen que cumplir su misión de sembradores, y si les cerráis el paso, se presentarán con la semilla que por culpa vuestra no hayan podido sembrar. Y qué cuenta tan severa se os pedirá. Quién sabe si, en aquella semilla, estaba el grano que hubiera fructificado en muchas almas que lo esperaban ansiosas. Siembra, no seas perezoso, y verás a tu muerte cómo acudirán esas almas que se han redimido gracias a tu semilla, y que gozosos te vienen a saludar y a darte las gracias, y quién sabe si por ellas alcanzas un espacio de gran progreso, que de lo contrario tardarías mucho en alcanzar.

  Muchas veces habrás contemplado las exuberancias de vida que se desprende de un árbol frondoso, y con pena, habrás contemplado lo mustio, la pobreza de un árbol que lleno de vida hacía poco, se va secando lentamente. Pues bien, un espíritu purificado, es la imagen de un árbol lleno de vida, lleno de fruto. Aquel árbol da sombra, da frutos y, por tanto, también da vida a otros. Da sombra al caminante cansado y con sus frutos le alimenta. Es la imagen del espíritu trabajador que, a su sombra se guarecen los seres cansados, asqueados del mundo y buscan una sombra protectora, un espíritu comprensivo y bueno que les enseñe el verdadero camino, que les conduzca hasta aquella fuente de Vida, que calmará la sed que en el mundo no han encontrado, que les dará el fruto, el maná con que alimentar sus almas perdidas antes, con el verdadero pan Espiritual. ¿Y el árbol seco? Pobre árbol, en un tiempo tan hermoso, tan frondoso: Se seca y ya no puede ofrecer ni sombra ni frutos, y por lo tanto será más o menos tarde, arrancado, hecho leña. De tanta altivez y soberbia ¿qué queda? solamente un montón de cenizas. Así son los espíritus que rehuyen ser trabajadores en la viña del señor. Se les proporcionó sombra, se les dio frutos que son los Dones Espirituales, pero ellos los desdeñaron orgullosos, y no quisieron molestarse. Otros, recogieron estos frutos, estos Dones y, en vez de trabajar con amor y caridad, trabajaron con egoísmo, con malas artes, y así, tarde o temprano también serán echados al fuego y solamente un montón de cenizas quedará de aquel árbol espiritual.
   Haz el propósito de sembrar sin descanso, que la blanca paloma de la Paz te ayudará si así lo deseas.