71 TUS HERMANOS INFERIORES

   No maltrates nunca a ninguno de esos animales que el Padre te ha dado para tu compañía, para tu defensa, para tu recreo, para tu ayuda, para tu alimento. Todos son obra de Dios sea el que sea el fin para que han sido creados. Si es un animal doméstico, piensa que tienen más alcance de sentimientos y sienten la pena y la alegría mucho más de lo que tú te figuras, y que son muy sensibles a las demostraciones de cariño o rencor que les prodigáis. No hablan, pero su cerebro capta enseguida vuestras penas y alegrías. Son vuestros compañeros, muchas veces más solícitos que el hombre. Respétalos y quiérelos y no permitas que nadie los maltrate, pues es propio de espíritus ruines el hacerlo. Sobre inculca a los pequeños su amor hacia ellos, que ellos con preferencia los aman, y hazles comprender que, aunque son animales, ellos son creados por Dios y como obra suya hay que respetarlos. Si son animales puestos para vuestro sustento, no te recrees martirizándolos al matarlos, cumple aprisa este requisito, buscando el medio más sencillo y más expedito para realizarlo, también pensando que el Padre les ha puesto en la Tierra para tu alimento y que no puedes ser cruel con ellos.

  Son grandes y complicados vuestros problemas. ¿Por qué te empeñas hombre terrenal, en amargarte más la vida? ¿Por qué complicaros tanto las cosas? Tan sencilla que es la naturaleza y cuan sencillamente viven en ella tus hermanos inferiores los animales. Mírate en ellos, y verás que ellos viven tranquilamente, humildemente, pues satisfecha la necesidad del sustento, lo que sobra no piensan en atesorar, sino que lo dejan al alcance de otros hermanos suyos. Sólo el hombre es egoísta, solo el hombre sabe contemplar con indiferencia el hambre y pobreza de sus semejantes sin aliviarse, solo el hombre se pasa la existencia atesorando sin importarle que a su alrededor otros seres caigan víctimas de la miseria. Sólo el hombre no hace caso del mandamiento más sublime del Padre, el cual os dice: Amaos los unos a los otros como hermanos.

  Cuán grande es la ceguera del hombre. Qué corazón de piedra que no se conmueve delante de la lección, que cada momento le dan sus hermanos inferiores los animales. No atesores hombre terrenal que no te llevarás nada. Vive humildemente, y reparte si puedes hacerlo, como la naturaleza, que todo cuanto ella alberga te da una lección de desprendimiento. Los árboles te dan sus frutos o sus sombras, la tierra te da sus minerales, sus plantas, tu pan, todo sin egoísmo, sin preocuparse del mañana. Medítalo y sepas comprender que toda la Naturaleza no hace sino cumplir el mandato Divino, o sea, cada cosa servir para el fin que ha sido creado: Pórtate en todas las circunstancias como un espíritu selecto, que se goza solamente en los actos de amor hacia todo lo creado por Dios.