33 Deslígate de perjuicios materiales

  Deslígate de perjuicios materiales que ningún beneficio te reportarán, en cambio estar por el estudio, la meditación, la enseñanza y el cumplimiento. Los formulismos puestos por los hombres, como material que es en la Tierra queda; por eso estas enseñanzas son para progreso del alma, no del cuerpo. Oír el aviso del ángel de la guarda, y prestar atención siempre a nuestra llamada que es la voz de la conciencia. Comprender bien la importancia que tiene el saber oír ese toque que os da un hermano que os ama; si obráis bien, satisfacción, por el contrario, si hacéis el mal, remordimiento.

   Hay dos tendencias que el humano tiene que analizar: la material y la espiritual. Cuantas veces observarás que en ti mismo existe lucha de dejarse arrastrar por una tendencia u otra; sepas escuchar la que te llevará al bien.

   Qué agradable es hacer el bien y cómo descansa la conciencia; por lo mismo tú sentirás ese bien estar que el alma siente, cuando otros se beneficien del consuelo que tú les des, con el aroma de estas flores, para que todos puedan ver claro de dónde proceden, el por qué pasan fatigas, penas y contrariedades. Qué poco os costaría vivir en armonía y hacer las cosas para que todos pudieran tomar ejemplo de ellas. Todos andaríais anivelados y no estaría el destierro con tantas iniquidades. Si supierais como trabajamos para hacernos oír, estaríais más al tanto; y si no hay amor entre vosotros es porque aún conserváis el orgullo que es el causante de que no sepáis respetaros. No sabéis amaros y es que todo va en armonía uno con otro. Seguís todavía deseando lo que pertenece a vuestros hermanos, porque no meditáis lo que hay que practicar para salir del destierro; es un factor que lo debéis tener siempre presente. ¿De qué os sirve comprenderlo, exponerlo, si no sabéis llevarlo a la práctica? Es como un árbol que se cuida, se cultiva hasta la hora de dar fruto, y luego el fruto sale picado y de mal sabor; todo el tiempo que se perdió en él, no sirve para nada. Esto os pasa a vosotros, aquí podéis aplicar las palabras del maestro: «La fe sin obras es muerta».

   En la Tierra todo cambia cuando pasamos las contrariedades, pero en estado de alma somos exigentes con nosotros mismos, para querer pagar todo cuanto hicimos. El espíritu libre del cuerpo es más valiente, porque se da cuenta de todo cuanto debe, y se propone pagarlo cueste lo que cueste, por eso vienes diciendo: ¡cuánto sufre esta persona! Si lo lleva a buen término, este habrá vencido, pero si se acobarda o lo que es peor se revela, todo cuanto él se eligió antes de tomar el cuerpo, o sea reencarnar, lo tira, porque no es valiente para seguir adelante.

   Si supieras coger todo cuanto pasas como cosa tuya, nunca te sublevarías a los reveses de fortuna, pérdidas de seres queridos y cuantas cosas más, y tendrías más fuerza para saber vencer.

   Que felicidad que sentimos los espíritus que os guiamos, cuando vemos armonía y buena voluntad entre todos. Cuando hay hermanos que no llegan  a más comprensión, somos tolerantes porque no hay tanta causa, como cuando siendo sabedores, se da rienda suelta a los enemigos del alma que demoran la purificación del espíritu. Nosotros que constantemente estamos al tanto de los hechos cómo se van desarrollando y los actos que van poniendo de manifiesto nuestros hermanos que con tanto amor dirigimos no se tuerzan, no siempre os podemos dejar hacer vuestra voluntad, por eso, has de saber cuándo vas actuar, estar atento a nuestro toque, que es el aviso de quien con acierto os dirige, y así es cuando nunca fallarás, y tanto como estáis expuestos; esa es la causa que con facilidad dais a vuestros hermanos aquello que para vosotros no queréis. Nuestro trabajo es entregar al protegido limpio de materia y hacernos llegar nuestros avisos cuando lo creemos oportuno, para que se de cuenta cómo va realizando su trabajo, bien o mal. Y dime, ¿qué entiendes tú por trabajo? En su mayor parte meditación, y aquí viene la frase: el que más tenga, por el estudio, más se os dará, porque ahí entra la Justicia del Padre. Yo os aconsejo hermanos, que sepáis dar fruto sano escuchando nuestra llamada.  

Cuando por el monte vayas
y no sepas como vas,
acuérdate de tu ángel
para que puedas andar,
sin herirte, con los pinchos
que a tu paso encontrarás.
Procura que no haya nada
que te pueda lastimar,
sácalo de tu camino
y así lo dejarás limpio,
y cuando lo pase otro
que no pueda tropezar.
Habrás dado buen ejemplo
y así lo puedan copiar,
y cuanta maleza encuentres,
sepárala de tu lado,
y no te pueda dañar.