36 ¡OH PUEBLO!

  ¡Oh pueblo!, que ofuscado vas sin saber que hay caminos que te conducirán a moradas de Luz y bienestar, cuando dejes tu cuerpo terrestre que has adquirido aquí, pero, ¿y tu alma?, ¿de dónde ha venido?, ¿la has fabricado tú?, ¿te has parado a meditar sobre este tema tan importante?, ¡oh, materialismo, que arrastras al espíritu al torbellino de los vicios y pasiones y encadenas a esa alma! Solo atesorando lo que en el mejor momento lo tiene que dejar. ¿Y qué podrás decir que has hecho en beneficio de tus semejantes?

   Pueblo amado que sigues en la ignorancia, y este es el fruto que se ha sacado de tanto como se ha dicho equivocado; por eso, cuando dejan la materia mis hermanos de la Tierra, van ciegos y no saben el estado en que se encuentran: unos porque creen que por haber practicado ciertos formulismos irán al lado de Dios, otros por creer que todo termina aquí, y yo les digo que es cuando empiezan en lugar de terminar. (1ª Corintios cap. 2 vers. 13 y 14) y al que cumplió le están reservadas sorpresas que le han de dejar maravillado y dará gracias al Todo Poderoso, de haber tenido fuerzas para vencer a la materia y haber oído la voz de su conciencia y dejarse guiar por ella. Para que oigas esa voz interna dentro de ti has de estar atento, ¿a qué? a ponerte en lugar de tus semejantes cuando los vas a juzgar y para esto procura no estar apasionado que verás claro, y entonces no les darás lo que para ti no quieras, que es la base para no equivocarse.

   En la Tierra se saltan las Leyes en alguna ocasión, pero las decretadas por Dios y que rigen para los espíritus que han dejado la carne se cumplen fielmente y no hay quien las altere porque son exactas. Si meditaras hermano la grandeza de ese Padre Creador para dar tanta perfección a todo lo por El decretado y que todo cumple Sus Leyes con prontitud, menos el humano, que sabe que ha de cumplir el mandato Divino amando a sus semejantes y en lugar de repartir amor siembra el odio, y todo es consecuencia del orgullo, egoísmo y parte de vanidad, y para engrandecer la parte material, se queda si puede con lo que a su hermano pertenece, y esto no entra en la encomienda que el Padre da a todos sus hijos. Y si el espíritu en lugar de cumplir hace lo contrario, se va alejando de la Casa Paterna, hasta que por rebelde es traído desterrado a pagar lo que debe, por eso unos vienen con más causa y otros menos, como pueden ser las escalas sociales, y el tener mas o menos contrariedades que son las enfermedades, pérdidas de seres queridos y cuantas cosas más que sirven para que todo desterrado se haga humilde, se desprenda del orgullo, egoísmo y vanidad que son los que te impiden dejar el mundo Tierra y acercarte a Dios cuando dejes tu materia.

   Date cuenta y medita por qué te suceden las cosas tan desagradables y que tú no te has buscado y las ignorabas hasta ese preciso momento. Despierta, piensa por qué suceden y con qué objeto. ¡Ay!, si supieras que todo cuanto sucede, está de antemano premeditado, te preguntarías y por qué, quién es el autor de tales sucesos: tú llegarás a la conclusión que hay un algo que os dirige y controla todos los actos de vuestra existencia. Ahora busca con el pensamiento quién es y adonde está; seguro, segurísimo, que si te lo propones lo encontrarás y verás por ti mismo, que hay siempre a vuestro lado quien os dirige con acierto y os avisa si vais equivocados, si vosotros no hacéis oídos sordos a esa llamada de la conciencia que os dice, amaros, eso no lo hagas, que no está bien hecho, y a ti no te gustaría que te lo hicieran.

   Escucha hermano querido esa voz y entonces encontrarás la respuesta a tanta incertidumbre en tu creer. Ella te habla con amor y si no la escuchas, ella se resigna, pero a ti te espera volver a empezar y pagar lo que hiciste pasar. Esa es la causa el porqué las penas son tan dispares; unos sufren más, otros lo hacen menos.

   Cuando te des cuenta de tu ceguera, será cuando sentirás el deseo de hacer el bien sin recompensa. No perdáis el tiempo en actos de rebeldía, dominar las materias, que solo por el camino del amor habréis vencido. He aquí cuando vence la Luz a la parte moleculosa y es cuando al dejar la materia, el espíritu se remonta a moradas de Luz. Acuérdate de Jesús que por amor a sus hermanos dio su vida terrestre, puesto que la celeste no muere. Y si tienes algún amor a lo desconocido, y tú no has podido ver con los ojos materiales, has de verlo con los ojos del alma.

   Es la doctrina que Jesús vino a enseñar lo que te presento, que mucho se ha dicho de él, pero poco se cumple. No le atribuyáis lo que él no dijo ni hizo, y no lleves equivocada una cosa tan sagrada como son sus enseñanzas, que fueron de humildad y no de soberbia; él se acercaba a los necesitados y a los que sufrían, y nunca creó suntuosidades para enseñar a recordar al mundo el mandato del Padre, que tan escuetamente y al alcance de toda comprensión lo dejó bien patente, ¿y por qué hacéis lo que él no dijo?, porque así se embrollan las inteligencias y como no comprenden las cosas bien claras, prefieren no creer en nada y así el mundo va tan a la deriva cual barco que deja el timón y va a merced de las olas.
   El hizo la oración del «Padre nuestro» y es como sigue; Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, llévanos a TU reino, hágase TU Voluntad en la Tierra como en el Cielo, y perdona nuestras deudas como perdonamos a nuestros deudores: que el Padre que ve el secreto de vuestros corazones os premiará.

   No dijo: Danos el pan de cada día, porque sabía que el Padre que tiene los Atributos de Bueno y Justo no necesita que se le pida. (Mateo cap. 6 vers. 8)

   No dijo: No nos dejes caer en la tentación porque sabía que somos creados de materia (la forma espiritual, con tendencia al orgullo, egoísmo y Vanidad) y dotados de esencia divina (el Alma: amor, paz y caridad)

   No dijo: Líbranos de mal, porque sabía que tenemos libre albedrío para elegir entre el bien y el mal, por lo que somos responsables de nuestros actos en pro y en contra de nuestros semejantes. (Mateo cap. 6 vers. 6)

   Este es mi aviso por esa libertad de acción que el Padre te da: yo te la respeto, es mí deber por ser sabedor de este código. Medítalo y por ti mismo te irás dando cuenta y, si tú te lo propones, verás muy claro cuanto te expongo.