73 AL TERMINO DE TU EXISTENCIA

  Al término de tu existencia es cuando te darás cuenta del trabajo que tú hiciste. No te importe como sea, siempre que éste sea hecho en favor de los demás por sentir amor, por ser éste el más valioso y el que más recompensa el Padre por ser El, también todo Amor. No te dejes arrastrar como tabla en la corriente, que tú no has de ser de los que te mueva el aire, sino con valor bastante para que tu opinión sea siempre fuerte. Es, por lo tanto, la voluntad que ha de tener todo buen Deísta Cristiano para no sucumbir a pesar de cuantas adversidades pase. Como mole de roca has de ser si quieres llegar al final, que lo que digan tus labios lo hagan tus obras, que lo que sea para tu progreso y el de tus hermanos no lo dejes para mañana si lo puedes hacer hoy. Esto ha de ser siempre tu modo de obrar.

   Es tu llanto cuando sufres como si fuera un torrente por donde bajan las aguas sin respetar nada porque el humano no tiene dominio, por no saber de antemano que todo cuanto pasa designado estaba, es un torrente que arrastra todo, pensamientos buenos y malos, en medio de tales confusiones todo va mezclado, y tú no te has de dejar llevar sin opinión propia, sin conservar en ti el dominio de la materia que es la que te puede arrastrar por ese torrente como un objeto insignificante. Es tu mente si la sabes limpiar de todo lo que a la materia pertenece, como un diamante por su origen y porque creará pensamientos nobles para llevar a cabo las obras que tendrán brillo, porque serán dirigidas por un diamante que es tu interno, es tu mente.

   Como no trates de estudiarte a ti mismo, no sabrás hacer nunca un buen examen y reconocimiento de «tu pasado y tu presente». El presente te hablará siempre de tu pasado y «estos» han de ser tu futuro. Procura que sean siempre los que haya dirigido tu alma, o bien el diamante, que estos (pasado y presente), no se terminan, los tendrás siempre presente y cuanto más en actos buenos guardes de ellos, más feliz serás en esa eternidad que te espera y verás como opera la Justicia de Dios.

   Al dejar el humano el cuerpo, queda turbado su espíritu por algún tiempo. Esta ofuscación es más o menos duradera y esto depende del progreso que hizo en su última encarnación; por eso el humano que ha sabido y comprendido como se desarrolla la vida del espíritu, cuando está libre de la materia, o sea, el haber dejado el cuerpo, pronto se da cuenta que pudo haber cumplido lo que prometió y no lo hizo y éste tiene más causa por no ignorarlo; la ignorancia tiene menos causa, aunque la tiene, pero las tradiciones les halagan mucho cuando éstas lo hacen a la materia, y esto es causa de tu materialización y de estar ignorante del saber referente al espíritu libre y encarnado. Qué poco examináis la vida materialmente para comprenderla espiritualmente, de lo que eres y serás, y esto es porque para halagar al alma no se admiten tradiciones ya que con esto se contraría la materia.
   Que medites en ello te aconsejo y un día me lo agradecerás.