08 Mensaje 3-A

  Siempre necesitáis pruebas palpables para dar cabida en vosotros a la fe, por dedicar poco tiempo a pensar en las cosas que a la creación de Dios pertenecen; el poco conocimiento de lo espiritual hace que se le tema por desconocido. ¿Por qué, hermanos míos, si entre esa extensión espiritual se hallan vuestros seres queridos, que un día lo fueron todo para vosotros, y en un tiempo más o menos lejano puede ser que entre ellos vosotros os halléis? Hermanos vuestros son todos los seres que pueblan el Universo, con los que habéis de llegar a convivir, ya que tenéis el mismo origen de Creación y los mismos medios para volver al Padre. ¿Por qué, pues, tanto miedo a lo desconocido? Y, ¿por qué tan despreocupados algunos por saber sobre su propia vitalidad, a pesar de ser ello algo tan milenario y necesario para el saber de la creación del ser humano? ¿Tan sobrenatural os parece lo que es precisamente tan natural, como que hay en vosotros esa alma ansiosa de dejar la materia para así hallar la libertad? Si le ofrendáis ciertos ceremoniales cuando termina la vida material es por creer que existe. Sin embargo, hay algunos que nada desean saber con respecto a ella.

  Cuántas veces os reveláis cuando os hacen lo que vosotros hacéis, y esto es motivo de que vuestras almas no se puedan remontar un palmo del suelo. Triste es la situación de éstas cuando dejan el cuerpo en un sepulcro más o menos adornado y siguen contemplando ese materialismo que practican sus deudos. Están en un radio atmosférico que pertenece ocupar a los carnales, no a los libres de cuerpo, y este es el sufrimiento constante para las almas que se quieren remontar y no pueden. Ellas no pueden ayudar a los suyos, ni estos a aquellas, porque Dios en SU Justicia Infinita no puede dar a sus hijos lo que no se hayan ganado, por no caber en EL la pasión. Sólo la justicia humana es la que falla, por existir entre vosotros la pasión, y ésta es mala consejera para ser un buen juez.

  Tragedia es para el hombre el separarse de los lazos familiares para él tan queridos, ignorando que siguen viviendo y amando a los que en la Tierra dejaron. Cuanta más elevación hayan alcanzado, más aman a los que dejan. No existen las diferencias de cuando estuvieron encarnados, y muchas menos existen cuanto más puros son.

  Cuando dejes tu cuerpo, alma que de paso estás por la Tierra, sabrás el valor que tiene haber sabido cumplir, que es la finalidad que te trajo a ella. Hay quienes lo consiguen con su fortaleza y valentía, mas otros siguen en el mismo estado que tenían al venir al mundo. Decidme hermanos míos, ¿qué adelantaron estos seres en una existencia, si no supieron cumplir cuanto prometieron? Nada, sino dejar su cuerpo para volver a nacer de nuevo, hasta que sepan vencer el orgullo, el egoísmo y la vanidad, con el Amor, la Paz y la Caridad:

  La misión que trae el humano a la Tierra, es mejorar en todo aquello que no está en armonía con su progreso. El Padre Creador pone todos los medios para que podáis llevarlo a cabo, pero el desenfreno hacia las cosas materiales os hace desoír al guía que os dirige y que os acordéis menos de lo Divino, que en un tiempo más o menos lejano podréis contemplar y vivir. Las «almas cumplidoras» que han llegado a un alto grado, se acuerdan de vosotros y quieren ayudaros para que salgáis de la ignorancia; ellas siempre trabajan para superarse y esto lo consiguen ayudando y amando a sus hermanos en todo cuanto el Padre permite. Entre las almas todo tiene un riguroso control y ninguna se propasa: «éstas» están siempre atentas y humildes, ya que este es su gozo.

  Hay moradas de esplendorosa Luz para los que supieron cumplir, y las hay de tinieblas para los soberbios, orgullosos y egoístas, de tanta duración como sea su causa. El Padre, que para todos es Amor constante, os procura medios para que despertéis de la ignorancia, y os acerquéis a EL cuando sepáis Amar a semejanza de EL. Al existir entre ambos esa unión de pensamientos, podréis gozar a SU Lado de las bienaventuranzas eternas, como lo hacen los que dejaron ejemplo de virtudes.

  Al ignorar el humano la causa de que fuese desterrado a la Tierra, permanece en esta ignorancia; y por lógica se comprende que es el espíritu quien cometió el delito antes de ahora, no la carne, pues esta la toma en el mundo análogo a su estado de perfección o imperfección. El planeta Tierra es mundo de expiación, en donde encarna el espíritu humano para cancelar las malas obras cometidas con sus semejantes en anteriores encarnaciones y para aprender a tratar a sus hermanos como quiere ser tratado por ellos. Y si esto no lo hace en una encarnación está supeditado a hacerlo en otra, y así pagar la pena del Talión, del tal harás tal encontrarás, como Ley de Causa-Efecto.