13 Mensaje 4-A

   Como halagada es la materia en la Tierra, cuando es hermosa, así es el espíritu cuando al dejar el cuerpo pasa a ocupar un mundo superior, por haber sabido hacer buen uso de su libertad de acción, tratando y ayudando a sus semejantes como quiso ser ayudado y tratado. A modo de bienvenida les manifiestan el Amor los hermanos que allí habitan, porque comprenden el valor que tiene haber sabido hacerse digno de dejar el mundo Tierra con sus pasiones. Cuando se ha llegado a tal comprensión, se sabe en verdad la importancia que tiene todo cuanto procede de la Divinidad. Entonces se puede penetrar en esferas donde los halagos son muestras de Amor que le prodigan los hermanos que esperan a los desterrados que han cumplido, para ayudarlos y darles el abrazo que por tal proeza merecen.

  Comprended que la materialización que el espíritu lleva en sí, no es otra cosa que orgullo, egoísmo, rencor, pasión, y sus ramificaciones que no le dejan coordinar y ver con claridad dónde se halla la verdad y hacer juicio exacto de las cosas. He aquí por qué los jueces de la Tierra no pueden juzgar en las causas en que intervienen sus familiares, porque harían un mal juicio. En cuanto a las Leyes Divinas no existe equivocación, sino perfección y exacta Justicia. Ajustaos vosotros a Ella y tendréis la satisfacción de no ser engañados, ni corrompidos por la lisonja, y comprenderéis mejor la pequeñez que existe en las mentes ofuscadas e ignorantes con respecto a los conocimientos de las Leyes de Dios, hasta el punto de no darles oídos. ¿Por qué sucede todo esto? Por falta de unos sólidos principios que sean la base de una verdad sin equivocación ni posible ofuscación.

  El principal obstáculo con que tropieza el hombre en la Tierra, es ignorar por qué fue desterrado y de donde procede el principio fundamental de su inteligencia y, al mismo tiempo, la finalidad que tiene mientras transmigre por la Tierra. Hermanos míos, la vida del espíritu, tanto en estado libre como encarnado, es natural y justa en todas sus fases para la comprensión del hombre que con buena voluntad quiera saber de ella y desee guiarse a sí mismo por el camino del bien.

  Al hombre que comprende la Ley de Dios le es más fácil regenerarse porque, penetrando más en lo infinito, tiene un concepto del Amor por todo lo por Dios creado y la grandeza de SU creación. Amparado por las Leyes Divinas, tiene la oportunidad de llegar a ver y comprender al Creador. Muchos hay que desconocen cómo operan estas Leyes, por ser de abnegación el seguirlas. Los hay que empiezan y se acobardan retrocediendo con facilidad, por dar expansión a los placeres materiales, y en ocasiones en un cortísimo tiempo, por terminar su existencia.

  La reencarnación en el mundo Tierra se termina para los seres que no hayan obtenido cierta graduación de Luz, y tendrán que pasar a otro punto de peor estar, donde todo se resuelve según rebeldía o causa, quedando el espíritu por tiempo indefinido hasta que las penas lo curtan y, por medio del sufrimiento, se despoje del orgullo y del egoísmo, haciendo brillar la Luz que en otras encarnaciones tapó. Cuando llega a ese grado de purificación, sale de allí porque la Justicia y Amor del Padre así lo ha decretado, dando a sus hijos lo que van ganando.

  Pensad en el padre material, el cual, a pesar de amar a sus hijos, les impone correctivos para que se enmienden cuando son pequeñuelos y puedan ser otro día hombres de bien. Siente pena cuando por desobedientes se ausentan de la casa paterna, pero los acoge con el amor que nunca dejó de tenerles cuando arrepentidos vuelven a ella. Este es también el caso del Padre Espiritual (Dios) que espera que todos sus hijos arrepentidos del incumplimiento de SUS Leyes, se hagan humildes y cancelen cuanto deben: medio infalible para que el espíritu pueda acercarse poco a poco al punto de origen (Casa Paterna).