21 Mensaje 6-C

   Cuando deja el espíritu la Tierra y va en ascenso hacia el Padre, sólo le anima un pensamiento: superarse en la práctica del Amor entre sus hermanos. Nada ni nadie le impide estas manifestaciones de Amor para devolver bien por mal, e ir haciéndose inmutable a las ofensas que le infieran los que nada comprenden de ese Amor que se deben los humanos mutuamente. ¿Cuánto les falta aún a los habitantes de la Tierra para que así se comporten? Lo mismo que les falta para acercarse a Dios en SU Centro de LUZ.

  Diferente causa traéis, pero Una Sola es la Ley que hay que cumplir, la de unificarse en el Amor Universal. Por eso el recorrido que hace el espíritu desde que sale del Padre hasta que vuelve a El otra vez es más o menos largo y depende de cómo es el comportamiento. A pesar de que hay en esto mucha diversidad, sólo el hombre es el responsable, sin que en ello tome Dios parte alguna, puesto que al crear al espíritu-ser-humano, se hace inmutable, para que cada uno sea responsable de sus actos. Sólo cuando estáis obligados, carga con la responsabilidad quien os obligó, por robaros el libre albedrío. Cuando juega su papel el Amor manifestado, no tiene tanta causa el inducir a otro a realizar una u otra cosa. Son, por lo tanto, muy diversas las circunstancias y los hechos. Así, pues, tened buen cuidado de no inducir a vuestros semejantes equivocadamente o forzarles a que hagan cuanto vosotros pensáis, robándoles con ello el libre albedrío, porque dejan de ser ellos los responsables del hecho que han llevado a cabo.

  Acertados van los que hacen buena labor de enseñanza acatando órdenes de los guías y respetando el libre albedrío de sus hermanos, para que cada cual cargue con sus propios errores. Para esto vienen a instruiros los espíritus libres de cuerpo, que también fueron desterrados, a dar por medio del pensamiento las comunicaciones que os han de ayudar en el saber, sirviéndoos de adelanto en la carrera espiritual. ¡Bendito sea el trabajo que da motivo de alcanzar cimas altas! No basta conformarse con no hacer mal, sino que debe hacerse algo que ayude y beneficie a los demás, para que puedan ellos también ir escalando esa cima prometida. ¡Cuanta gravedad lleva ante Dios haber alcanzado comprensión en dicho saber y no ayudar a instruir a sus hermanos! Mientras no alumbre al ser humano su propia Luz, irá a ciegas, y al no poder alumbrar su propio camino menos alumbrará el de sus hermanos.

  Triste cosa es para el espíritu desoír la voz de la conciencia, que siempre avisa cuando no se obra de acuerdo con los sentimientos del alma. Si se oye y se lleva a la práctica, los buenos sentimientos se manifiestan entre los hombres y son como ejemplos para los que están sordos a la llamada de la conciencia, y así se van preparando por el contacto con los ángeles que los dirigen. Entonces se unen los pensamientos, surgiendo de ello la comprensión y el modo positivo de pensar. Del mismo modo sucede, por ejemplo, con la luz, cuyas fases se han de complementar para que haya contacto e ilumine la estancia. Lo propio le sucede al espíritu que consigue iluminarse disfrutando de su propia Luz. A los que ya han conseguido algunos grados de elevación, su propia Luz les alumbra el camino, haciéndose visible a los ojos de los hombres, por el modo de obrar, y los actos que van realizando algunos de ellos son incomprendidos, en especial por los que están más pegados a las cosas materiales.

  Los guías protectores prueban la templanza de sus protegidos, los cuales no siempre responden a los buenos deseos de Amor del guía que no desea castigar la materia. De ello depende la mayor o menor salud de los cuerpos, según sea la obstinación del individuo en su desobediencia; cuando el guía le avisa, por medio de los toques de la conciencia, cuando va a tratar a sus hermanos como no le gustaría ser tratado por ellos.