25 Mensaje 7-B

   Sentir el Amor equivale a ganarse el pasaporte a una mejor vida, la que a todo ser humano le está reservado llegar a disfrutar y que no se adquiere con súplicas ni peticiones sino con manifestaciones de Amor, tratando a los demás como quisiera uno ser tratado por ellos en igualdad de circunstancias. Para alcanzar tal proeza, el Padre (Dios) concede muchos tiempos (encarnaciones) al ser humano para que mediante ellos tenga la oportunidad de dominar el ímpetu orgulloso.

  ¡Adelante, espíritu desterrado, que te dan la mano para salir del caos de la Tierra! La esencia vital (alma), con su tendencia original, tira de ti diciéndote: Acógete a mí, que soy el Amor, la Paz y la Caridad, la Encomienda del Padre, y serás bien recibido en las esferas de Luz. Y como quiera que merecer es obtener, se acercan las almas a Dios, fuente de Vida, que invita acercarse a Ella, para ser felices ya en la Tierra, y más todavía cuando termine la presente vida corpórea.

  Nunca hay mala labor si hay buena voluntad y la mente está libre de pasiones que impiden que haya claridad para ver lo que hay de verdad. Por eso sugiero que, antes del sacrificio, manden los sentimientos del alma, de donde proceden los principios fundamentales para Amar, y a vosotros vendrá Sabiduría para ir desarrollando la parte sensitiva. Los que son sensibles a la conciencia y libres de pasión saben acortar la distancia que les separa de un perfeccionamiento.

  Estos espíritus ya disfrutan en parte en la Tierra porque son pacientes a la adversidad e inmutables a la ofensa. Cómo se les distingue a estos hermanos, entre los más materializados que no saben hasta qué grado lo están y son los que con facilidad os ofenden si estáis en igual grado de materialización.

  Hermanos míos, comprended la necesidad de sensibilizarnos para tener contacto con el Ángel guía, que de tantas formas se manifiesta en el momento preciso, lo que hace pensar que hay algo más que no se ve ni comprende: unas veces por la intuición, otras porque inexplicablemente hay cambios rotundos en el modo de pensar; pero sí que os digo que tienen como fin el bien hacer. ¿Por qué sucede? Porque una fuerza superior incita a realizarlo. ¿Con qué objeto y quién es el que promueve esa fuerza? Para que se cumpla lo que cada uno tiene programado aunque sea costoso.

  Es el guía el encargado de instruiros, por ser conocedor de vuestro estado, y de dar en Justicia lo que se va ganando. La sensibilidad marca el estado de adelanto para obtener los conocimientos esenciales y necesarios, por eso, no puede comprender igual uno que cumple que el que es pasivo e indiferente. Para desarrollar toda cuestión filosófica conviene que los pensamientos sean claros y limpios, para obtener con limpieza todo contacto y dejar paso libre al pensamiento rigurosamente concedido por el Amor y Justicia de Dios. Pues si EL es en su centro de Vida, un Espíritu de Esencia Pura a su máxima potencia, ¿cómo van a llegar a EL vuestros pensamientos y oír Su respuesta, si van envueltos en una especie de coraza que no les deja oír?

  No hay fuerza que pueda combatir a la positiva, cuando ésta va dirigida con voluntad y Amor, porque nada ni nadie se puede interponer a los pensamientos que con limpieza van hacia Dios, por haber un contacto que no puede interceptar otro más débil.

  Divaga el humano unas veces por su terquedad y otras por su ignorancia. Mientras se da cabida a las cosas materiales, no pueden penetrar en las mentes las espirituales. Cada uno tiene a su alrededor el ambiente que sea capaz de crear; examinad por qué unas veces es mejor que otras. El pensamiento no deja de crear imágenes; las hay que toman vida y las hay que mueren en el momento de ser creadas. Como el estado de ánimo cuando se va actuando, éste lo crea primero el pensamiento, y luego pasa a la obra. Entre vosotros existen buenos y malos pensamientos creadores del bien y el malestar, por ser los que dan paso a la buena o mala acción. Desechadlos cuando no lleven una buena dirección, antes de que sean consumados con los hechos, y la mente quedará limpia para dar entrada a los Divinos, aquellos que nunca llevan a las malas obras.