27 Mensaje 7-D

  Cada uno al dejar la materia, en la llamada muerte, tiene la oportunidad de leer en el Libro de la Vida, en el que quedan grabados todos sus actos con la más rigurosa Justicia, el Haber y el Debe, según los actos cometidos, y que están presentes. Según sea la causa, se elige cada uno el sendero que desea transitar en la próxima encarnación, de cuya elección resultan los hombres ricos o pobres de bienes materiales, sin que tome parte alguna el Creador, para no robarles el libre albedrío que concede a todos sus hijos al ser creados, cuando los dota de su esencia Divina a Su semejanza. Si en algo toma parte alguna, es el guía protector, según las facultades que por propia voluntad se le concede antes de tomar el espíritu nueva encarnación. No es por lo tanto para unos la norma que siguen otros la más adecuada, por no tener todos la misma causa o misión que cumplir. Queda, pues, manifiesto que el Padre Dios no castiga ni perdona, y así le compete al ser humano averiguar por sí mismo las causas de cualquier contrariedad y dolor que no puede evitar.

  Cuanto más uno se ahonde en estas lecciones, más deseos sentirá de meditar sobre el gran engranaje que rige al Universo; porque bajo cualquier punto de vista que lo mire sacará por su situación diferente opinión. No obstante, sí que hay mucho campo de exploración y meditación en la vida del ser humano, para investigar dentro de la vida espiritual, la cual tiene un radio de acción tan extenso, que al ser desterrado no le será fácil descubrir mientras siga materializado, por regir una Ley Justa.

  Si el hombre fuese observador vería el diferente modo de desarrollarse la vida entre unos y otros, sin poder evitar el pasar por trances dolorosos, en los que nada le sirve rebelarse, sino que ha de pasar por cuanto obligó a pasar. He aquí por qué son necesarias tantas reencarnaciones en un mundo de dolor y sufrimientos, impuestos por la fuerza material que todo ser humano que va descendiendo lleva en sí. Cuanto más materializado está, mas se deja influenciar por esa atracción y más ambientado se halla en ella, ignorando que exista algo Superior y Divino.

  ¡Oh, Sabiduría, cuanto deniegas a los hombres tu presencia por traicionarse éstos al seguir un camino equivocado, sin hallar lo que más falta les hace conocer y defender, esto es la Ley Divina que el Padre encomienda, para que sus hijos la cumplan y se unifiquen en el Lazo de Amor.

  Por diferentes medios se consigue descubrir lo que procede de la Gran Sabiduría, de la cual dimana la enseñanza que os presento y con la cual podréis saber cuanto hasta el presente fue un enigma, sacando el sustento del alma, sin contaminación.

Al dejar la Tierra el alma,
ve cuanto hay fuera de ella,
y comprende mucho mejor
lo que existe dentro de ella.

La tristeza a intervalos,
no tantas las alegrías,
por ser estas las que amordazan
los sentimientos del alma.

En cambio los sufrimientos
hacen meditar al hombre,
de quien los trae,
y quien los lleva,
sin que tome parte en él,
en esa enredada trama.

Hasta que no toman parte
los sentimientos del alma,
que conducen a los hombres
por una cuesta muy clara.

Que a pesar de lo empinada
se siente feliz el alma,
porque ve que va subiendo
lo que antes descendiera.

Ya empieza a ver la Luz
que ignoraba existiera,
ya no se cansa el subir
aquella empinada cuesta.

que le enseñó a subir,
lo que antes descendiera,
i a pesar de lo empinada
se siente feliz el alma.

 

Libre fuiste pajarillo,
y por esa libertad,
volaste, volaste,
hasta olvidar tu nido,
y tuviste que volver,
otra nueva primavera,
a reconstruirlo de nuevo.

¿Volverás a hacer lo mismo otra vez?
¡o bien seguirás el dictamen,
de las Leyes del progreso?

Si es así, no olvidarás el nido
en el que tú naciste,
y al que habrás de volver
otra nueva primavera,
a reconstruirlo de nuevo