31 Mensaje 9

 Acuciada por el dolor va una gran parte de la humanidad, sin hallar el remedio que cure sus dolores. Ignora cuál es su causa porque no se preocupa de investigar, lamentándose cuando pasan un dolor o una contrariedad, que es el Autor de su propio ser quien lo consiente. ¿Cómo saber dónde está el bálsamo, si no se procura meditar sobre el camino por el que transita, y las consecuencias que pueda ocasionar seguir por él? Cuando el hombre siembra dolor a su alrededor, está haciendo una siembra de ortigas que ha de darle más tarde o temprano el fruto propio de su labor.

   ¿Acaso no tiene causa ante Dios, cuando se difama y se juzga a un semejante erróneamente? ¿No es verdad que con ello ya estáis haciendo a un hermano lo que no os gustaría os hicieran a vosotros? Sabed que la pasión no permite ser buenos jueces. Si cuando se va a juzgar a un semejante se hiciese poniéndose en su lugar y circunstancias, no habría precipitación en dar como cierta vuestra opinión, aun sin haber tomado parte en la obra.

   Los dolores producidos por la ignorancia no son los que más duelen, porque está presente la inconsciencia que se tuvo al obrar. Mas el que hace caso omiso al llamamiento de su conciencia y obra dándose cuenta de su error, corre el peligro de naufragar en el mar de las pasiones en el que se debate cada uno. Por lo tanto, antes de tomar decisiones, opinar o juzgar, es muy importante hacer un examen de la conciencia y ver en qué estado se halla ésta, puesto que todo queda minuciosamente registrado cuando se realiza la acción.

   Cada uno se responsabiliza de sus actos ante el Padre Creador, nadie paga lo de otro, como tampoco se beneficia de lo que pertenece a otro. Téngase presente, que cuando uno fuerza a otro a faltar a la Ley, carga con los perjuicios que tales hechos puedan ocasionar, puesto que en aquel momento le está robando el libre albedrío que recibió del Padre para responsabilizarse de sus actos.

   Siempre es bueno saber adónde va a parar el trecho por el que se anda, por ser la vida que en cada cual va transcurriendo. Cuando por la experiencia se aprende en el transcurso de una a otra encarnación, sufre el ser humano las consecuencias al no saber por qué nacen en tan diferentes circunstancias unos de otros y por qué a unos les persigue la adversidad y otros triunfan en todas sus empresas. Si previamente se recibieran instrucciones de la vida del espíritu, sería más fácil no equivocarse y no tener que volver a empezar de nuevo.

   Humanamente, el que desconoce una cosa, poco podrá opinar, pero si se le instruye dándole referencias, quien sea conocedor de ello, sabrá a qué obedece lo para él desconocido. Esto mismo sucede con respecto al Padre Creador y SU Creación. Acordaos de esta máxima: al que mucho tiene más le dan (en la parte esencial), y al vago, que nada desea saber, no merece otra cosa que seguir en la ignorancia, en la cual se encuentra cuando deja la materia, por quedar sumido en el mismo ambiente y conocimientos en que vivió. Es un conjunto de cosas que van armonizadas unas con otras, por haber una Justicia que lo nivela todo.

   Como sucede en la Tierra que se guardan distancias según categorías o esferas sociales, así ocurre también entre los espíritu; como el hombre vulgar e ignorante, que por su corto saber no frecuenta los lugares y clases sociales superiores a su posición social, porque no estaría en su ambiente, y en cambio en su esfera se desenvuelve feliz por habitar la de su igual. Se agrupan en sus expansiones los unos y los otros con los de su misma afinidad. Los que tienen una cierta elevación son justos, son más exquisitos en sus gustos y se distinguen entre los materiales; así como los más materializados se inclinan más hacia las cosas y deleites terrenales, y quien se halla a gusto entre esa sociedad son los afines a ellos.

   Por esto a menudo veréis semejantes cuya compañía os repele y molesta, y en cambio los hay que atraen y halagan sin que podáis explicaros el motivo, siendo la causa, la afinidad por una misma elevación. Esto también sucede con los que en otras encarnaciones fueron familiares, pero solamente entre los de poca elevación. No así en los que ya poseen Luz, por sentir entre sí una atracción por el mismo fluido que irradian; sienten el mismo Amor y lo practican con todos sus hermanos, a pesar de no tener la misma elevación; pero no tienen ni pueden sentir afinidad con espíritus bajos o sea de tinieblas, que no dan buen ambiente:
   Comprended bien hermanos queridos, esta explicación, no os equivoquéis con las categorías sociales, pues el alma de un llamado pordiosero puede ser más elevada que la de un ilustre, y a pesar de sus sencillez puede sentirse atraído por cosas más delicadas y elevadas sin inmutarse por las terrenales, y un gran hombre, como se denomina en la Tierra, puede ser un espíritu bajo, y en algunas ocasiones ponerse por debajo de los animales haciendo oídos sordos a su conciencia. ¿Por qué sucede esto? Porque su materialización tapando los oídos esenciales, les obliga a atropellar hasta su propia conciencia, porque le domina el orgullo y el egoísmo, fatales consejeros para poder elevarse.