37 Mensaje 10

   Ya dejaron sueltas las riendas del caballo del Apocalipsis y no hay quien lo frene, e irá devastando cuanto a su paso encuentre. Decidme, ¿por qué sucederá así si nadie lo desea? ¿No será que lo que designado está no lo puede detener el hombre? Son los furores contenidos por mucho tiempo, los que el hombre ha ido creando con sus malas pasiones. Cuando se calmen, como volcanes cansados de arrojar lava, la parte física quedará extenuada por haber sido sometida a tales pruebas, y así se realizará la transformación del mundo para que manifieste amor en lugar de rencor y odio, lo que será el término de una fase para empezar otra.

   Tiempo ha que la atmósfera se ha ido cargando, sin pensar el hombre que la vicia con sus malas pasiones, cada día más dañinas para el alma, en los actuales momentos que vive el hombre en la Tierra, que yo más bien diría se arrastra por ella, en cuyo cuerpo humano se asfixia el alma, por las actuaciones de orgullo y egoísmo, contaminando la atmósfera. ¿Y quién será el culpable de ello? Lo serán todos los que avivaron el fuego de sus malas pasiones y nocivas costumbres, que ya se están haciendo calcinas.

   Medite la humanidad, por qué con tanta antelación están los acontecimientos anunciados, y dolorosos de pasar y contemplar, para que se desarrollen los Hechos que han de transformar la vida del ser humano en la Tierra, lo que se llevará a muchos seres sin haber terminado la misión elegida por ellos y otorgada por el Padre. Ha llegado la hora de hacer un recuento entre los que siguen un camino que bordea al abismo, y de los que van por el buen camino. Siempre que actúan las altas Jerarquías Celestes es para bien de los humanos, aunque no lo parezca, porque ha de pasar el hombre por fuertes pruebas que le ayudarán a regenerarse, como se puede comprobar cuando en zonas pobladas se producen movimientos sísmicos que nada pudo hacer el hombre para evitar pero que inducen a meditar al que los contempló y no sucumbió. ¿Por qué? No hay misterio en ello, pero sí que hace recapacitar al hombre y rebajar el orgullo que arrastra de una a otra encarnación.

   Son los tiempos actuales una preparación del conflicto que no tendrá contrincante, si se me permite la expresión. Ya está a punto el toque que ha de dar una orden de ataque en todas las direcciones, donde se estrellarán y sucumbirán muchas pasiones humanas, entre las que no habrá orden ni concierto materialmente. No en cuanto a la dirección Espiritual, que con tiempo está previsto. El humano tratará de rechazarlo pero en su impotencia se verá fracasado, a pesar de detectar los sabios materiales ciertos hechos que se consumarán en la Tierra. Serán pruebas en mucho superiores a sus fuerzas, y muchos sucumbirán en la tragedia.

   La transformación ha de verificarse, para que mediante dicho proceso el humano también lo haga y tenga conocimiento de lo esencial, lo real y Divino, por estar en el milenio de la última etapa. Comprended que si lo material quiere su parte, justo es que lo que procede de Dios y pertenece al alma, quiera y reclame la suya con insistencia. Los acontecimientos servirán para que el hombre aminore la carrera de desenfreno que lleva. Será una llamada a la conciencia para que se aplaque el ansia de superioridad y mando hacia lo material.

   Acostumbrados los seres humanos a no ayudarse como debieran entre sí, difícil será que penetren en su conciencia cuantas misivas de amor a ellos lleguen, anunciando que no queda mucho tiempo para que en el destierro exista la desunión, el rencor y el odio, para que desistan los deseos de combatir con las armas que inventan los hombres para destruirse ellos mismos. Cuanto más poderío material tengan, menos se acercarán a lo Real y Divino. Son las leyes terrenales a quien dan calor sin comprender las que vienen de Dios, que son las más eficaces para detener al enemigo que con deseos guerreros viene a buscar el choque entre vosotros.

   No habrá combate posible si desarmado se va del arma homicida y en su lugar se pone el estandarte que acredite la verdadera Doctrina de Amor que hace ver al mundo la verdad, que existe un tiempo infinito, para seguir viviendo cuando deje el alma la materia. Es cuando muchos verán la equivocación que llevaron.

   Como experiencia servirán los «acontecimientos» para los no afectados, al ver cómo se extinguen los cuerpos y cuánto a estos pertenece, sin quedar residuos de su opulencia. Son «empujes hacia el progreso», que ha de alcanzar el mundo Tierra, para que con la experiencia del dolor, surjan en las mentes nuevos modos de pensar. Alegraos de que así sea, porque al dejar el cuerpo se operará en el espíritu una transformación, como la que se operará en el mundo Tierra, ya que está pasando por el «sexto y último cataclismo».

Del Sol naciente saldrán unas irradiaciones que curarán muchas heridas para que dejen de sangrar; otras lo seguirán haciendo, hasta el completo exterminio de las materias que no deseen ir en busca del bálsamo curativo, porque al sanar el espíritu sana el cuerpo.

   Lo establecido por Dios nadie lo podrá evitar, lo que gran parte de la humanidad desconoce pero que lo irá presintiendo a medida que se vayan generalizando los acontecimientos por los que habrá de pasar. Alcanzarán más a unos que a otros, por ir regidos por una fuerza superior que les hará seguir como corderillos, ya sea para salvaguardarse ya sea para sucumbir en la tragedia, que el humano será impotente para detener. Muchos clamarán al Cielo, pero no serán escuchados, del mismo modo que ellos antes no oyeron a sus hermanos necesitados. Por eso no os extrañe que luego opere en ellos la Justicia Divina, haciéndoles pasar por cuanto hicieron pasar.

   Progresivamente se irán desarrollando las cosas y costumbres. La causa de esa evolución dará motivos de meditación y análisis, por surgir en los pueblos más desarrollados normas que sirven para que otros más atrasados se acojan a ellas y dar más adelanto a la región o nación, sin que muchos lo lleguen a comprender. Todo ello no es más ni menos que el cumplimiento de lo decretado por el SER Supremo. Todo se irá realizando al ritmo que requiere, por eso, el que sea observador se percatará de esa evolución por la que está pasando el mundo Tierra, lo cual traerá el resurgimiento del verdadero Cristianismo.

   Algunos no acatarán con agrado esa transformación que ya es visible entre los hombres, por creerla demasiado reformista y liberal; pero si el ser humano pudiese retroceder unos cuantos siglos, ¡cuántas escenas deplorables realizadas contemplaría: Escenas de dolor causadas por dirigentes déspotas; racismos y esclavitudes impuestos por el poderío material y el orgullo! Pero eso pertenece al pasado, y el presente sólo hay que encauzarlo, arrancando cada uno de sí esos gérmenes nocivos que le dominaron y que tantas existencias han costado a los seres que hoy pueblan la Tierra, y aún hace presa el dolor de la causa retrospectiva. Compungidos aún de las tiranías de aquellos tiempos, contemplan las almas, cuando libres de cuerpo se hallan, su pasado en el que dieron muestras de un orgullo implacable para con los humildes. Con esto se comprenderá que todos los actos están presentes, y el progreso del hombre ha de ir aboliendo toda tiranía. El progreso es evolución para el alma y esta llega cuando los hombres van en armonía, amando a sus hermanos como quisieran ser amados.