49 Mensaje 15

  Un objetivo trae el ser humano al venir a nacer a la Tierra: cumplir el Mandato del Creador de toda vitalidad. Teniendo presente que si concedemos los Atributos que Dios posee y que son los de AMOR, PAZ, CARIDAD, BONDAD, MISERICORDIA y JUSTICIA, hemos de saber cómo los manifiesta: si siente Amor por toda SU creación y en especial por el humano, no puede hacer diferencias entre sus hijos por poseer el de JUSTICIA.

   Compréndase que si existen esas diferencias entre los hombres, es por haberlas creado él mismo por causa del orgullo y egoísmo. A esto se debe, el bien o malestar en la Tierra, pasando penas y contrariedades, que muchos dicen no merecer, por no recordar su pasado. Sin embargo, éste existe latente, hermanos míos; de lo contrario, no existiría la Justicia de Dios, dando a cada uno lo que merece.

   Así como existen diversas categorías entre los hombres, también las hay en comprensiones del saber espiritual, por medio de conocer y desarrollar los Atributos Divinos, que dan la oportunidad de conocer al Autor de las vitalidades, que animan y dan vida a los cuerpos. Veamos los Atributos mencionados: Por el Atributo de AMOR crea a sus hijos, lo primero y principal de su creación, para tener con quien comunicarse y Amar, creando para su uso y disfrute cuanto puedan necesitar, encargándoles que todo sea para todos y practiquen unos para con otros el Amor, la Paz y la Caridad. Para ello no les señala ningún tiempo, sino que sólo les indica que lo cumplan cuando sea su voluntad, mandándoles a recorrer la pluralidad de mundos para que por sí solos demuestren su valor cumpliendo Sus Leyes.

   Por el Atributo de PAZ no se mete con nadie, ni castiga ni perdona, se hace inmutable; por eso no se puede ofender de cuantas ofensas vayan contra El dirigidas.

   Por el Atributo de CARIDAD concede que sus hijos superiores en Luz guíen y ayuden a los inferiores en comprensión y progreso.

   Por BONDAD y MISERICORDIA les concede el tiempo necesario para que vuelvan a EL cuando sea su voluntad, limpios de toda falta que por el mal uso de su libre albedrío cometieron.

   Por el de JUSTICIA permite que todos sus hijos se acerquen a El y Le puedan comprender (como los hijos materiales lo hacen con sus padres), sin más misterio que el cumplimiento de Su Ley de Amor, Paz y Caridad, que todo ser humano recibe como Mandato al ser creado. A todos los crea con el mismo Amor; ésta es la gran Sabiduría que el Padre posee para toda Su creación.

   Con lo cual comprenderéis que la desobediencia en el trato de sus semejantes como quisiera ser tratado por ellos en igualdad de circunstancias, es la que divide a los hombres y los aleja de Dios por su orgullo y egoísmo, causantes de las guerras enconadas, odios y pasiones, que son cual lienzo que cubre la inteligencia y no deja coordinar las ideas. Comprenderéis con esto la diferencia que existe entre los que están dominados en más o menos grado por las pasiones materiales y los que practican los Atributos Divinos.

   Medite el ser humano si su orgullo no le ciega en demasía creyéndose superior a sus hermanos por llevar una existencia más placentera, y sacará la conclusión que hay quien dirige el Universo con Sabiduría y Justicia; sin embargo, como también posee el Atributo de Misericordia, concede oportunidades por medio de las reencarnaciones a sus hijos desobedientes a Su Mandato, para que puedan mejorarse.

   Que cada cual siga su camino con conciencia de lo que debe hacer, porque conocedor de los Atributos, sepa que si es desterrado es por haber cometido alguna falta de más o menos gravedad, y por tal desobediencia habrá de estar en el destierro el tiempo que le sea preciso para hacer más bien que mal hizo, cargando con su cruz, efecto de su propia causa. He aquí, cuando se busca una solución a alguna cosa, sean contrariedades o sufrimientos, hay que hacerse la idea de que es el líquido que aún queda en el cáliz de la amargura el que tenéis que ir agotando poco a poco, estimando a vuestros semejantes como os guste lo hagan con vosotros. Para eso, sin embargo, es preciso saber darles a su tiempo el apoyo que necesiten, sin perjudicar vuestra propia materia por socorrer la de vuestro hermano, porque ante el Creador las dos son igualmente importantes, por estar ambas aquí con el mismo fin de que pueda cumplir el espíritu que la ocupa. Esto en lo que se refiere a la materia; en cuanto al espíritu, tened cuidado en no faltarle. Por esto se lee en Marcos 3: 28 y 29, y Mateo 12: 31 y 32 que el pecado que cometiere el hombre contra el hijo del hombre le será perdonado (por el mismo hombre) mas el pecado contra el espíritu jamás tiene perdón. He aquí del por qué la llamada pena del Talión.

   Un toque de atención se da en estas lecciones, para que cada uno examine su modo de proceder y sepa tener piedad del que tira la piedra más que del que la recibe, por estar supeditado el primero a pasar por cuanto hizo pasar y posiblemente en peores circunstancias, por una Ley justa que rige para el espíritu. Por eso el que cardos siembra no espere recoger flores, sin que en ello haya impiedad, como algunos creen cuando pasan el dolor, por ser efectos de su propia causa.

   ¡Oh ingratitud del hombre!, que le tiende la mano para ayudarlo a salir de un mundo que se debate entre materialismo y penumbras sin llegar a comprender lo que más le interesa, lo que le ha de servir toda una eternidad, y no se inmuta de esa ayuda que le presta el guía por medio de los toques de su conciencia, que es lo que hace girar el engranaje con respecto al hombre, para que obre con los demás como le gustaría que obrasen con él en igualdad de circunstancias. Fortaleza ha de tener todo ser que en la Tierra se halla, para saber meditar qué es lo que más le interesa, saber o ignorar. Defina, pues, el hombre por sí mismo lo que a él le corresponde, y actúe según caso y conciencia, y con arreglo a lo que haga recibirá el premio o el oprobio; de todo es responsable el hombre, según su comportamiento.